Nicolás Ortiz

El blog de Nicolás Ortiz

Un inmortal evocando a otro

Posted by Nicolás Ortiz On mayo - 22 - 2011

De Batlle y Ordóñez está todo dicho. Por eso tan sólo los dejo con las palabras de Maneco, quién lo recordaba el 21 de mayo de 1978 en “El Día”, en un artículo titulado “Batlle cumple hoy un año menos”.

“Si la vigencia de un ser humano dura tanto como la de su espíritu, es decir, si la juventud de un hombre, vivo o muerto, debe ser medida por la validez de las soluciones que preconizó para los males de sus semejantes, diríase que ese hombre sólo envejece a partir del momento en que sus soluciones se consuman. Cuando el aporte de un hombre se ha cumplido o simplemente cuando las nuevas circunstancias lo tornan inadecuado y desechable, recién entonces su figura ingresa en los panteones de la historia.

A la inversa, cuando los años corridos se limitan a bruñir el mensaje, a hacer más ostensible su verdad; cuando las nuevas circunstancias agregan dosis suplementarias de razón a cuanto defendiera en la vida; cuando, en suma, su pensamiento y sus métodos resumen, más que una femenina nostalgia, el sentimiento viril de la esperanza combativa, el tiempo no es otra cosa que aparato de rejuvenecer. Hoy, 21 de mayo de 1978, en el país en que nació y al que amó, en la República que sirvió con resolución permanente José Batlle y Ordóñez, el viejo Batlle de los ‘¡Viva Batlle!’ de nuestras mejores tradiciones de civismo, cumple un año menos. Es más joven, esto es, es más fuerte. Se le añora más: este es, tiene más razón todavía, porque son más numerosos los orientales que lo comprenden. Es más válido: esto es, tiene más sitio en el futuro de cuanto pudo tenerlo en el pasado. Es más imprescindible: esto es, volverá, seguirá volviendo, hasta que vuelva para siempre.

¡Viva Batlle!

[…]

Batlle y Ordóñez era un político. Era el político por excelencia. Tenía la firmeza mental, la flexibilidad creadora de un político. Lo demostró mil veces en su vida, y sin esa condición política sutilísima no hubiera ciertamente realizado la gran obra que después hizo. Y aspiraba sin duda fervientemente a la Presidencia, porque sólo desde el Poder podría reorganizar el país y hacer andar sus ideas.

Pero nunca confundió flexibilidad con sinuosidad ni dejó de luchar por lo que creía. Debía llegar, pero sin torcer la senda. Cualquier otro en la circunstancia descripta, se hubiera limitado a una conservación de posiciones, sin arriesgarlas en conflicto alguno.

Por defender los derechos colorados de Río Negro, Batlle perdió el apoyo blanco; por defender los derechos de la República ante el Gobierno, perdió el de Cuestas.

Ante determinada situación en el Interior, una misión que Batlle integra va a hablar con Cuestas. La discusión termina dura entre Batlle y Cuestas. Este último, dueño del poder, se encara a Batlle:

– ¡Yo soy más colorado que Ud.!

A lo que Batlle contesta con firmeza:

– Es posible que Ud. sea tan colorado como yo. Pero más, no.

Ese día Batlle perdió la Presidencia. Sucesor seguro de Cuestas, apoyado por éste y por los blancos, los había enfrentado a los dos.

La grandeza de un adversario singular le iba a devolver esa Presidencia, no comprada al precio de ninguna concesión como se ve.

El 23 de enero de 1903 Batlle, candidato presidencial en difícil posición, hace conocer su programa.

[…]

El día de la votación en el Parlamento – día dramático de votación nominal – los colorados votarían todos a Batlle. Los blancos a Mac Eachen. Cuando la secretaría pidió el voto a Acevedo Díaz, éste contestó: ‘¡Por el Sr. Batlle y Ordóñez!’. Seis legisladores blancos más lo acompañaron, cuyos nombres debemos rescatar y honrar junto a él: José Romeu, Juan Gil, Juan A. Smith, Vidal y Fuentes, Eduardo Anaya y L. Rodríguez. ‘Los calepinos’, como fueron llamados con agravio, por el nombre de un caballo que en Maroñas entregó una carrera.

Expulsado de su partido por mantener su palabra (su fe en el Uruguay que Batlle inauguraría), Acevedo Díaz se fue del país para no volver nunca. Sobre su escritorio de gran novelista conservó siempre como pisapapeles una piedra que le arrojaron en el puerto.

Lo que muy pocos saben es por quién votó Batlle aquel día en que lo eligieron Presidente. Cuando llegó su turno y la secretaría pronunció su nombre, la dura voz de Don Pepe no tardó en contestar:

– Por el Sr. Eduardo Acevedo Díaz.

Este voto vale por muchas piedras. Sí. Eran hombres así, que ya no hay más.”

Leave a Reply

TAG CLOUD

About Me

\"Siempre hay un camino bueno para los hombres buenos y de fuerte voluntad.\"

Twitter

    Photos

    17082010424170820104231708201042017082010419