Nicolás Ortiz

El blog de Nicolás Ortiz

De debates, sueños, fulanos y menganos

Posted by Nicolás Ortiz On octubre - 31 - 2010

Un buen debate para armar un día de estos es la relación entre los representantes y los representados. O sea el vínculo entre los que participan de las elecciones, colocando en una urna una papeleta con una serie de nombres de personas que aspiran ser electos para algo, y los que figuran en esa papeleta. Con “algo” me refiero a algún cargo o al querer hacer. Si querer el algo va acompañado de hacer algo mucho mejor. Elemental (y otro debate para armar).

Sea como sea, el voto es un inicio de ese vínculo. Lo hicimos durante todo el año 2009 y mitad  de 2010. Y ahora tendremos la oportunidad de hacerlo nuevamente el 20 de noviembre. Nuevamente muchos se limitarán a utilizar el vínculo brevísimo: voy, voto, fin. Aunque quiero intentar esbozar la importancia de hacer esos vínculos un poco más que brevísimos.

Primero que nada quizás no advirtamos que el vínculo brevísimo ya define muchas cosas. El 20/11 vamos a votar (en realidad yo no porque ya tengo 31, y el partido ya me considera “viejo”) para que 100 convencionales nacionales renueven la Convención Nacional del Partido Colorado, integrada por 600 miembros, la cual define la línea política general de acción del partido, elige y juzga la actuación del Comité Ejecutivo Nacional, concreta acuerdos con otras colectividades políticas, designa comisiones asesoras y secretarías técnicas para analizar los distintos temas de la realidad nacional, y muchos etcéteras. Por más información: Carta Orgánica del Partido Colorado. Y otras tantas cosas similares pasan en las Convenciones Departamentales.

Toda esta rimbombancia de cosas al menos suena muy importante. Pero no sólo suena. Ser Convencional Nacional implica tener que hacer que sea lo que debería ser (otro debate). Y además es un primer paso en donde se establece un vínculo representante – representado.

Vamos a mirar ese vínculo desde el punto de vista del representante, un Fulano. Fulano pertenece a una agrupación política, la cual tiene determinada manera de ver el mundo, la cual condiciona su manera de hacer política, y eso también se ve en las propuestas que arma. Como la agrupación cree que su manera de hacer política es buena, decide apoyar a Fulano para que sea la voz de la agrupación en los distintos lugares donde se hace política. Pues bien… primero hay que ir a la Convencional Nacional. Y para eso necesita que lo voten el 20/11 de 2010 (o en las elecciones internas de 2014, 2019, 2024…).

Fulano y la agrupación empiezan a participar así de la vida interna del Partido Colorado, mostrando su manera de hacer política y proponiendo.

Fulano y la agrupación pueden decidir ir más allá. En las elecciones nacionales de 2014 lo van a candidatear a Fulano diputado o senador. O en las departamentales y municipales de 2015, a edil o alcalde. Digamos que Fulano y la agrupación deciden dónde quieren llegar.

Ahora miremos ese vínculo desde el punto de vista del representado, para ser originales, un Mengano.

Como dijimos antes, Mengano puede optar por el vínculo brevísimo: se limita a introducir el papel por la ranura cada tanto y después se olvida del tema. O puede optar por influir en el Fulano. En el último caso, el vínculo puede tomar varias formas: Mengano participa de una recorrida que hace Fulano por un barrio (si la hace), o de una reunión en la casa de algún vecino de vez en cuando (si la hace), o asiste a las reuniones de la agrupación política (si existe) a la que Fulano pertenece, o le manda un e-mail con alguna idea y alguna crítica, o le comenta su muro en Facebook (si tiene) o lo sigue en Twitter (si tiene) y cada tanto le “twittea” algo. Sea como sea, Mengano quiere participar e influir en Fulano que va a cambiar la realidad (o que supuestamente va a cambiarla, porque por algo es político… ¿no?).

Llegados acá, se plantea un nudo que (creemos) es bastante difícil de desatar: la mayoría de los menganos optan sólo por el vínculo breve (el voto). Y aludí a la creencia porque una primera cosa que deberíamos pensar es si es malo y negativo que esto sea así, o que la maldad y la negatividad de los vínculos breves no es más que una suerte de leyenda urbana en la política. Esto devana los sesos a los partidos políticos, sea leyenda o no, y podríamos hablar de mil y una razones que lo han causado.

Yo tiendo a afiliarme a que esto es una leyenda más que una realidad, pero en todo caso, si de alguna razón considero deberíamos preocuparnos es la de que los menganos no ven que los fulanos sean capaces de cambiar la realidad, al menos a través de la política.

Para revertir esto se pueden explorar varias vetas.

Una primera cosa es que los menganos que optan sólo por el voto, sepan a qué fulanos están votando, a qué agrupación representan, qué es lo que piensan, qué es lo que proponen. Yo prefiero elegir personas que usen los “algos” para hacer algo y que hagan que sea lo que debería ser. Claro que esto queda a libertad del mengano. Allá él y está bien. Pero debería intentarse que en cada elección al menos un elector más preste atención a estas cosas.

Una segunda cosa es participar. Si un mengano quiere ir más allá del voto, que no dude en hacerlo. Será responsabilidad de los fulanos que existan los ámbitos y vínculos para que la participación pueda darse y responsabilidad de los menganos, libertad mediante otra vez, utilizarlos.

Y una tercera cosa es la forma de los vínculos. Es que tenemos que entender que la típica reunión de una agrupación política hoy se ve sustituida (aunque sería mejor que fuese tan sólo complementada… ¿otro debate?) por un “tweet” al senador de la República. ¡Y bueno sí… bienvenido sea! Pues que lo importante es que existan los vínculos. El fulano tiene que generarlos (si quiere) y el mengano utilizarlos (si quiere).

Al final, todo se trata de las ganas de construir un sueño, de concretarlo y de ser parte de él. Cuanto menos breve sea el vínculo entre los fulanos y los menganos, mejores sueños se construirán… y más rápido se concretarán. Ya decía Oscar Wilde: “La sociedad perdona a veces al criminal, pero no perdona nunca al soñador.

Confundidos

Posted by Nicolás Ortiz On abril - 1 - 2010

El 1º de diciembre de 2007 los batllistas sentimos una alegría sin parangón. No era para menos; más de 45.000 personas se acercaron a elegir a 100 colorados para integrar de  pleno la Convención Nacional y las Convenciones Departamentales del Partido Colorado.

Creemos no estar confundidos al decir que la Convención Nacional es el órgano soberano del Partido, que define sus principios y fija sus programas, así como su política general de acción. Que es el ámbito del intercambio de ideas, de la oposición de posturas de la cual surgen los caminos de entendimiento. Que es la que debe formar en los valores esenciales que procuren hacer de esta colectividad un partido transparente y apegado a la moral, y en definitiva la jueza ineludible que actúa con todo el peso cuando alguna persona se aparta del camino de la ética.

Creemos no estar confundidos tampoco al decir que la Convención Nacional es la que guarda celosamente los principios de democracia interna del Partido y el respeto a la libertad de conciencia, de pensamiento y de expresión de cada uno de los integrantes del mismo. Que es la que elige a los integrantes del Comité Ejecutivo Nacional, ejecutor en el ámbito nacional de la política definida por la Convención.

Finalmente, creemos no estar confundidos al decir que la Convención Nacional es la que mantiene activo al Partido, le imprime vitalidad, genera los caminos para su crecimiento, afianza su presencia en la sociedad, lo fortalece.

Con este espíritu, emanado de la Carta Orgánica del Partido Colorado, es que salimos en los días previos a la elección a decirles a nuestras familias, a nuestros amigos, a nuestros compañeros de la universidad, del liceo y del trabajo, que queríamos que nos dieran su voto. Creímos no estar confundidos al decirles a todos ellos que queríamos un cambio para el Partido Colorado, un giro de timón interno, que queríamos ser protagonistas en nuestras tiendas.

Pero luego de la votación muchas cosas nos sorprendieron. Una de ellas fue la declaración del pro – secretario del Partido, haciendo alusión a que la excelente votación del 1º de diciembre era una clara demostración del descontento de los electores hacia el gobierno del Encuentro Progresista.

Tenemos un extremo respeto al pro – secretario, autoridad indiscutible, hombre destacado y que ha dado mucho por el Partido y por la República; pero justamente por ese respeto que le profesamos es que nos vamos a permitir discrepar. Y he aquí que deberemos dilucidar quiénes son los que están confundidos.

Si tenemos que hablar de los descontentos, como motivación de los elegibles que se presentaron como candidatos a la Convención, y de los electores que apoyaron a los primeros, creemos no estar confundidos al decir que esos descontentos en todo caso corren por otros carriles. Los descontentos son hacia la interna del Partido.

Criticamos al Partido porque lo amamos, y en esa crítica que lleva al crecimiento, decimos que se ha perdido el norte en ciertas cuestiones y que se ha perdido ritmo en el quehacer. Y hemos llegado a la Convención para poner sobre la mesa esas cuestiones. Pero no podemos olvidar que allí, en todo momento, representamos además a las personas que nos dieron con su sufragio la posibilidad de llevar a la práctica y concretar todo aquel espíritu que les transmitimos cuando fuimos a solicitar su apoyo.

Por otro lado, no cabe duda que una porción de los votantes que se acercaron a las urnas en diciembre, lo habrán hecho también con un sentimiento de descontento hacia el gobierno de turno. Pero el pasado diciembre no elegimos diputados, ni senadores, ni al Presidente de la República. Elegimos a las personas que creemos que sacarán al Partido del letargo para que participe activamente de las cuestiones nacionales, expresando su apoyo o crítica al gobierno, proponiendo mejores alternativas, acercándose a la gente para escuchar sus necesidades. Y si a esas personas elegimos, será para que intenten revertir esa situación interna y propia de nuestra colectividad política. Las cosas por su nombre. El descontento con el gobierno nacional se expresará en las urnas en el 2009. En diciembre la cosa fue por otro lado.

Creemos que no estamos confundidos. Y es por eso que decimos que el cambio empieza en casa. Un autor anónimo decía: “La suma total de los errores a veces es cero y suele confundirse con lo correcto”. Quizás sea tiempo de asumir errores, sin miedo a que la suma sea negativa. Estamos dispuestos a aportar para que el cero no se confunda con lo correcto.

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\"Siempre hay un camino bueno para los hombres buenos y de fuerte voluntad.\"

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