Nicolás Ortiz

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Posted by Nicolás Ortiz On diciembre - 19 - 2014

Mis palabras en la Cámara de Diputados sobre el matrimonio igualitario

Posted by Nicolás Ortiz On diciembre - 12 - 2012

matrimonio_igualitario“El 6 junio de este año hice uso de la palabra en esta Cámara con motivo de los 100 años de la fundación del hoy liceo Nº36 “Instituto José Batlle y Ordóñez”.

Decíamos en esa ocasión que de las necesidades de las personas, de sumirnos en la realidad cotidiana, surgen las evoluciones. Evolucionar significa que las cosas se hacen más complejas. El batllismo supo estar allí a principios del siglo XX para entender esas evoluciones y concretarlas en cambios. Y de eso se trata este proyecto de matrimono igualitario que estamos considerando hoy.

En la oportunidad del 6 de junio hablábamos de que en esa época surgieron exigencias sociales que hicieron las cosas más complejas. Ya había un amplio movimiento a favor del acceso de la mujer a la vida intelectual. Acá en Uruguay, esta discusión tiene un punto de inicio el 2 de junio de 1911, cuando el Poder Ejecutivo remite a la Asamblea General un Mensaje proponiendo la creación de una Sección de Enseñanza Secundaria y Preparatoria para Mujeres en la Universidad de la República. ¡Y qué discusión se desató!

Acerca de las mujeres se sentenciaba: “¿prepararlas para la vida no será prepararlas y darles una educación superior para que luchen contra el hombre?” “¿Crearle horizontes de agitación no será crear en nuestro país, quizás, la mujer sufragista?”

Decía algún diario de la época: “Conveniencia social en estimularla a seguir carreras, sustrayéndola a la misión familiar que parece ser su principal encanto y su vocación más natural y decidida”. El diario “El Día” claro que contestaba a todas estas críticas.

Y es que esta fue una lucha una lucha entre conservadores y reformistas. Eso fue: una lucha entre conservadores y reformistas. Éstos últimos interpretando siempre las evoluciones de las que hablaba y haciéndolas realidad.

Y hay más ejemplos.

Similares cosas se decían sobre la avanzada legislación de Batlle en materia de regulación de la jornada de trabajo, las 8 horas, etc. Decía “El País” en 1923: “Limitación de la jornada de trabajo, descanso semanal; multiplicación galopante de los días festivos, organización de un enjambre de inspectores destinados a resguardar el sagrado derecho de la holganza, interpelaciones porque no se holgazanea suficiente, porque algún pletórico de fuerzas, que considera insuficiente el trabajo y superabundante su energía, quiere ocupar alguna hora más de sus largos días.”

Y sobre el divorcio por sola voluntad de la mujer decía “La Democracia” en 1912: “Si se llegara a votar esta ley en proyecto, que permite la disolución del vínculo matrimonial por voluntad de uno sólo de sus cónyuges, sólo se echaría al surco una semilla más de disolución, cuyos frutos no tardarían en florecer lozanos para provecho de la crápula social que aquí, como en todas partes, vive en las sombras y no se desborda, por temor a la sociedad que la persigue y la detiene con la ley en la mano. Votar esta reforma sería, en atención a nuestro actual estado social, legalizar el libertinaje, que poco tardaría en surgir en sus mil formas depravadas.”

Hoy, la discusión sobre el matrimonio igualitario, vuelve a ser entre conservadores y reformistas.

Y los argumentos que se agitan hoy son otros, o los mismos… quizás algunos con la misma raíz que en el 1900. Escuchamos hoy mismo en la prensa cosas como “freudomarxismo”, “satanización del matrimonio” y destrucción y dilución de la institución matrimonial. Este proyecto no se trata, como se decía en el 1900, de la destrucción de nada. Se trata de la construcción de un marco para una nueva realidad.

¿Acaso no hubo cambios también en la familia? Existen otros arreglos de familia diferentes al matrimonio heterosexual con hijos o hijas. Existen hogares monoparentales, gente que adopta, sola o con alguien, y miles de ejemplos más. ¿Esto destruye “la otra familia”? ¡Claro que no!

Si todo fuera absolutamente inmutable, incluyendo el matrimonio a lo largo de las épocas, la mujer no tendría la capacidad de divorciarse, ni los hijos nacidos fuera del matrimonio tendrían derechos, ni siquiera hubiese podido votar, etc.

Por ahora nada ha ocurrido en los Países Bajos donde se aprobó hace 12 años una ley de matrimonio igualitario, en virtud de la cual 12.000 parejas del mismo sexo han contraído matromonio, o en España donde a partir del 2005 lo hicieron 20.000 de ellas.

Repito lo mismo que aquel 6 de junio: lo que debemos intentar hacer los políticos desde la política es tratar de sumirnos en la realidad para interpretarla y cambiar. Se trataba ‑como sucede y seguirá sucediendo en esto que nos gusta tanto‑ de la eterna lucha entre los que quieren cambiar la realidad y los que no. Entre conservadores y reformistas.

Hoy con este proyecto de matrimonio igualitario hay una nueva invitación a seguir cambiando la realidad.”

La rabia y el perro

Posted by Nicolás Ortiz On enero - 18 - 2011

“Quien quiere ahogar a su perro dice que está rabioso”, expresaba con mucha razón Molière. Esta frase me vino a la mente cuando leí “Batllismo y republicanismo” de Adolfo Garcé, publicado el pasado miércoles 12 de enero en El Observador.

Desde la tercera oración de lo expresado por Garcé en adelante (pues voy a dejar las dos primeras oraciones para el estribo) se leen algunos elementos acerca de la teoría política del batllismo, anclados mayoritariamente en el libro de Pablo Ney Ferreira Un país sin presidente.

Y por cierto que en estos tiempos vale la pena hacer esos recorridos. Sencillamente el batllismo, con ese ímpetu a veces acérrimo de republicanismo (o sin a veces), mataba todo lo que concentrara poder. Un absoluto respeto por la separación de poderes, pasando por las características de la organización partidaria, hasta la idea del colegiado integral, formaban parte de esta forma de soñar el mundo. Y de hacerlo realidad.

Los perfectos ejemplos de lo que no es republicanismo abundan en este gobierno.

El desconocimiento de la voluntad popular, por dos veces expresada, que se manifestó contraria a la anulación de la ley de caducidad, por ejemplo. Y esto, la segunda de las veces, a través de una ley interpretativa que se pretendía fuera aprobada por los legisladores, cuando el soberano ya se había pronunciado. Justamente Garcé menciona, y exalta, el control que debe existir para evitar el “despotismo de los representantes”. Y casualmente, hace un par de meses, Garcé lanzó algunas críticas a los legisladores por no aprobar el proyecto para dejar sin efecto la ley de caducidad. Desde mi punto de vista, ese proyecto justamente implicaba pedirles que aplicaran ese despotismo.

Bien podríamos hablar también de los coordinadores regionales que el Poder Ejecutivo creó, traspasando el delicado límite de la descentralización y autonomía departamental, concentrando aún más poder en el presidente de la República; de la intención de poner en marcha un Ministerio de Justicia, sobre lo cual algunos magistrados expresaron su opinión contraria, y que puede degenerar en un atentado a la separación de poderes; de la existencia de un Coordinador de los Servicios de Inteligencia del Estado, sin conocimiento de sus límites de autoridad y dependiendo directamente del presidente de la República, sin control parlamentario alguno en su versión original, siendo además un cargo de particular confianza.

Dejando los ejemplos y volviendo al inicio, es interesante comparar el colegiado integral con el actual Poder Ejecutivo. Interesante y bastante sencillo, puesto que en nuestro actual sistema, el presidente puede disolver las cámaras y llamar a elecciones, por ejemplo. O si reparamos en Mujica en particular, nos encontramos con un presidente que posee un gabinete de partido, sin ministros de otros lemas, con mayoría absoluta en ambas cámaras.

Así que, como ya expresé, me parece oportuno que volvamos la mirada atrás para que el pasado  nos guíe a construir un mejor futuro. Y para estar atentos al presente.

Es más, soy de los que recojo el guante y propongo organizar un debate o un intercambio de ideas sobre estos asuntos en 2011.

Hasta acá todo bien. Pero luego en la exposición de Garcé aparecen la rabia y el perro. La rabia es el batllismo y el perro es José Mujica. Es que la inferencia, muy inoportuna para mi gusto, es que “A José Mujica le cuesta tanto gobernar (también) porque la elite política de principios de siglo XX, con José Batlle y Ordóñez al frente, se empecinó en minimizar el poder presidencial”.

Considero que no pueden buscarse argumentos falaces en el batllismo. Si a José Mujica “le cuesta tanto gobernar” será por su incapacidad y por la del partido político al que pertenece.

Algunos estamos un poco agotados de que se busquen culpas en los demás, y si de paso son colorados mejor.

He aquí el estribo. Contrariamente a Garcé, soy de los que piensa que Milton Vanger no exageró y que José Batlle y Ordóñez sí fue el “creador de su tiempo”. Sólo por seguir con el tema del poder, porque sería inabarcable hablar de todos los sueños hechos realidad, vaya si fue un creador, que el Uruguay transitó desde presidentes elegidos por el Senado, hasta un colegiado, que, aunque no integral, lo suficientemente limitador del poder.

Por desgracia faltan soñadores y por suerte el perro no tiene rabia.

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\"Siempre hay un camino bueno para los hombres buenos y de fuerte voluntad.\"

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