Nicolás Ortiz

El blog de Nicolás Ortiz

Maneco

Posted by Nicolás Ortiz On agosto - 2 - 2010

En octubre vamos a homenajear a Maneco.

¿Por qué? Bueno… aquellos que vieron su discurso por televisión en el año 1971, o los que leyeron y vivieron Jaque, o lo escucharon hablar de amnistía en la Convención Nacional del Partido Colorado, de seguro no necesiten razones.

A continuación transcribo alguna que otra razón. Se trata de un extracto de una contratapa de Jaque, del 23 de noviembre de 1984 (“Las brujas salen a cazar – Votar qué, por qué, para qué“), apenas unos días antes de las elecciones que devolvieron la democracia al Uruguay.

Democracia ¿qué es?

Alguna vez Carlitos Real de Azúa me definió, como anatematizándome, de colorado apoplegético. Cuido las palabras con que me refiero a su figura porque después de décadas de separación, tiempo antes de su muerte, nos reencontramos, ya que no en la identidad de convicciones (él era herrerista apoplegético) si en el mutuo reconocimiento intelectual civilizado. A Einar Barford debo la tranquilidad de ese reencuentro.

Proclamo, más allá de apoplegías prescindibles, que soy, sí, colorado batllista definitivo. Batllista de Batlle, de Luis Batlle, de Brum y de Domingo Arena, que obviamente no hubieran podido florecer ni florecieron bajo las banderas de Oribe y Saravia.

He contado aquel día en que aprendí la libertad, hace más de medio siglo y para siempre. Tendría que contar ahora, y no hay sitio, los días de algunos años después, cuando la mesa de mi casa y la pasión de mi padre se estremecían de partidarismo por la República socialista española de la Guerra Civil. Cuando se perdió aquella guerra, los derrotados recorrieron el mundo. Uno de ellos, José Bergamín, fue mi maestro. Antes, sin embargo, recuerdo un acto multitudinario que lleno el Estadio Centenario, al que fui junto con Carlos Maggi. Hablaba de uno de los más altos y nobles espíritus políticos de la grande y trágica vencida II República Española, el socialista Indalecio Prieto. Jamás olvidaré su cuerpo voluminoso alzándose en la tribuna, ni sus primeras palabras conmovidas, con los brazos abiertos a la noche montevideana: “¡Qué bien se habla a la sombra de Don José Batlle y Ordóñez!”

Para Prieto, como para mí, como para la verdad definitiva de la historia, aquel Batlle a cuya sombra tan bien se hablaba era, naturalmente, el alma socialista de la justicia entre los hombres, de la lucha para liberación y amparo de los desposeídos y para el establecimiento, sin mengua del fanático respeto a las libertades del hombre, de un régimen donde la explotación diera lugar a la solidaridad. Conquistada en el respeto y en la paz, a través de la persuasión y de la ley.

Un matutino de ayer, jueves 22 de noviembre, recoge entre textuales comillas, afirmaciones pronunciadas por el General Seregni en el curso de un programa político de Carve y le hace decir que, en su concepto, “el régimen cubano es una democracia”. El concepto es que el actual gobierno de Cuba está sustentado por el pueblo y allí reina, por consiguiente, una sociedad democrática que se acepta a sí misma.

No escuché esa audición y no puedo dar fe de si Seregni estrictamente dijo o no dijo lo que se le atribuye. Lo recojo, sin embargo, con la debida salvedad, primero porque no es en modo alguno una afirmación que degrade a aquel que la formula y, en segundo lugar, porque desde el nivel de respeto que corresponde, resume una tesitura desdichadamente extendida que deseo, deliberadamente, refutar.

Es exacto que puede haber tantas democracias como pueblos; y que a cada uno cuadra darse la forma de gobierno que desee. Y que Cuba no tiene por qué ceñir su vida a los ideales y a los modos que Uruguay ha entrelazado en la esencia de su nacionalidad. Pero también es cierto que hay caracteres definitivos sin los cuales ningún régimen puede considerarse democrático. El apoyo popular mayoritario (por otra parte sólo posible de comprobar a través de elecciones) no otorga condición de democrático a un régimen. La democracia no es meramente el régimen de gobierno de los más. Es, fundamentalmente, el régimen que asegura las garantías y los derechos de los menos. En nuestro país, por ejemplo, los del Partido del General Seregni, que siendo notoria minoría, no puede ni debe ser desconocido en sus derechos ni en el de todos sus integrantes, como la dictadura lo ha hecho. Y como no lo hará, por cierto, la democracia que amanece sobre la tierra del Uruguay.

Jamás he hecho anticomunismo. Meramente, no he sido nunca comunista. Siempre me he opuesto a la caza de brujas. Siento ahora que viene el tiempo en que, para glosar la feliz afirmación reciente de un obispo de Brasil, tendremos que oponernos también a que las brujas salgan a cazar. (Están cazando).

No hemos vivido once años de imposición en vano. Desde el lunes, hay que entender que en este país se han terminado las imposiciones, la caza y los terrorismos de todos los signos.

Batlle

Por esto, por todo esto, por lo que en todo esto va enredado y no terminado de expresar, pero se entiende, siempre he votado a Batlle. Esto es: a la lista donde me parecía estar entero Batlle, y más encendido el fuego que alumbra su irrenunciable, ineludible camino que vendrá.

Este domingo, cuando el deber y la libertad me convoquen, votaré por la lista 89. Es decir: votaré por Batlle de 1904, de 1912, de 1929, de 1946, de 1954, de 1984 y de 1990.

¡Viva Batlle!

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