Nicolás Ortiz

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La rabia y el perro

Posted by Nicolás Ortiz On enero - 18 - 2011

“Quien quiere ahogar a su perro dice que está rabioso”, expresaba con mucha razón Molière. Esta frase me vino a la mente cuando leí “Batllismo y republicanismo” de Adolfo Garcé, publicado el pasado miércoles 12 de enero en El Observador.

Desde la tercera oración de lo expresado por Garcé en adelante (pues voy a dejar las dos primeras oraciones para el estribo) se leen algunos elementos acerca de la teoría política del batllismo, anclados mayoritariamente en el libro de Pablo Ney Ferreira Un país sin presidente.

Y por cierto que en estos tiempos vale la pena hacer esos recorridos. Sencillamente el batllismo, con ese ímpetu a veces acérrimo de republicanismo (o sin a veces), mataba todo lo que concentrara poder. Un absoluto respeto por la separación de poderes, pasando por las características de la organización partidaria, hasta la idea del colegiado integral, formaban parte de esta forma de soñar el mundo. Y de hacerlo realidad.

Los perfectos ejemplos de lo que no es republicanismo abundan en este gobierno.

El desconocimiento de la voluntad popular, por dos veces expresada, que se manifestó contraria a la anulación de la ley de caducidad, por ejemplo. Y esto, la segunda de las veces, a través de una ley interpretativa que se pretendía fuera aprobada por los legisladores, cuando el soberano ya se había pronunciado. Justamente Garcé menciona, y exalta, el control que debe existir para evitar el “despotismo de los representantes”. Y casualmente, hace un par de meses, Garcé lanzó algunas críticas a los legisladores por no aprobar el proyecto para dejar sin efecto la ley de caducidad. Desde mi punto de vista, ese proyecto justamente implicaba pedirles que aplicaran ese despotismo.

Bien podríamos hablar también de los coordinadores regionales que el Poder Ejecutivo creó, traspasando el delicado límite de la descentralización y autonomía departamental, concentrando aún más poder en el presidente de la República; de la intención de poner en marcha un Ministerio de Justicia, sobre lo cual algunos magistrados expresaron su opinión contraria, y que puede degenerar en un atentado a la separación de poderes; de la existencia de un Coordinador de los Servicios de Inteligencia del Estado, sin conocimiento de sus límites de autoridad y dependiendo directamente del presidente de la República, sin control parlamentario alguno en su versión original, siendo además un cargo de particular confianza.

Dejando los ejemplos y volviendo al inicio, es interesante comparar el colegiado integral con el actual Poder Ejecutivo. Interesante y bastante sencillo, puesto que en nuestro actual sistema, el presidente puede disolver las cámaras y llamar a elecciones, por ejemplo. O si reparamos en Mujica en particular, nos encontramos con un presidente que posee un gabinete de partido, sin ministros de otros lemas, con mayoría absoluta en ambas cámaras.

Así que, como ya expresé, me parece oportuno que volvamos la mirada atrás para que el pasado  nos guíe a construir un mejor futuro. Y para estar atentos al presente.

Es más, soy de los que recojo el guante y propongo organizar un debate o un intercambio de ideas sobre estos asuntos en 2011.

Hasta acá todo bien. Pero luego en la exposición de Garcé aparecen la rabia y el perro. La rabia es el batllismo y el perro es José Mujica. Es que la inferencia, muy inoportuna para mi gusto, es que “A José Mujica le cuesta tanto gobernar (también) porque la elite política de principios de siglo XX, con José Batlle y Ordóñez al frente, se empecinó en minimizar el poder presidencial”.

Considero que no pueden buscarse argumentos falaces en el batllismo. Si a José Mujica “le cuesta tanto gobernar” será por su incapacidad y por la del partido político al que pertenece.

Algunos estamos un poco agotados de que se busquen culpas en los demás, y si de paso son colorados mejor.

He aquí el estribo. Contrariamente a Garcé, soy de los que piensa que Milton Vanger no exageró y que José Batlle y Ordóñez sí fue el “creador de su tiempo”. Sólo por seguir con el tema del poder, porque sería inabarcable hablar de todos los sueños hechos realidad, vaya si fue un creador, que el Uruguay transitó desde presidentes elegidos por el Senado, hasta un colegiado, que, aunque no integral, lo suficientemente limitador del poder.

Por desgracia faltan soñadores y por suerte el perro no tiene rabia.

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