Nicolás Ortiz

El blog de Nicolás Ortiz

“Con libertad no ofendo ni temo”

Posted by Nicolás Ortiz On abril - 1 - 2010

Creemos que es cierto el decir de nuestro prócer José Artigas: “Con libertad, no ofendo ni temo.” Pero en estos últimos meses parece se ha malinterpretado el concepto de libertad por parte de algunos actores políticos, y las ofensas y los temores se han abierto paso.

La libertad de expresión es el derecho de todo individuo a expresar ideas libremente, sin censura.

A su vez, esta libertad de expresión está íntimamente ligada a la libertad de prensa, que es la existencia de garantías con las que los ciudadanos tienen el derecho de organizarse para la edición de medios de comunicación cuyos contenidos no estén controlados por los poderes del Estado.

Pues bien, en desmedro de estos caros conceptos se encuentran los dichos y acciones de algunos que, justamente detrás del escudo de la libertad de expresión, terminan tergiversando aquello que no admite ambigüedades.

Para decir hay mucho…

El informe de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), dado a conocer hace unos meses, señaló que los ataques del gobierno a los medios afectó la libertad de prensa en Uruguay. Desde la Secretaría de Prensa y Difusión de la Presidencia de la República (SEPREDI) se aclaró que el gobierno no ha presionado a ningún medio en ningún sentido y no hace llamadas telefónicas para incidir en lo que se informa o deja de informarse. Ahora bien, hace unos días la Facultad de Comunicación y Diseño (ORT) realizó un debate por el Día de la Libertad de Prensa. Uno de los panelistas  (reconocido periodista y ex jerarca de Comunicación Institucional de la Presidencia de la República) contó: (…) En los últimos días he tenido que intervenir en el caso de una radio del interior cuyo director pretendió despedir a una formidable periodista. La razón por la que pretendió despedirla fue por tratarse de una muchacha muy crítica, blanca dicho sea de paso, pero muy crítica (…). El intendente de ese departamento, que es blanco, quería despedirla y, a cambio, le ofreció al director (de la radio) un cargo en la intendencia”.

¿No puede considerarse esta acción  como una presión por parte del gobierno y como una intervención no legítima? ¿No tendría competencia el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, o el sindicato correspondiente, en el caso?

Tiempo atrás, una ministra sugirió la existencia de un “eje del mal” entre periodistas, una suerte de conspiradores contra el gobierno. Y el  Presidente de la República encasilló a los medios en dos categorías: los oficialistas y los opositores, agregando además que se manejaban con “dobles intenciones”. Y para rematar, otro ministro criticó a los medios por no resaltar los logros del gobierno y a su vez se expresó acerca de lo que él consideraba que tenía que ser una tapa de un periódico o no. Agregó en otra instancia: (…) El peso opositor más grave que enfrenta este gobierno, es el alevoso trabajo informativo”.

La libertad de expresión no admite estos comentarios. Parecería que los medios de comunicación deben transformarse en adláteres del oficialismo para que sean bien conceptuados o no formen parte del “eje del mal”. Esto no es libertad: son censuras vestidas de seda.

Irónico además que todo esto sea dicho justamente por aquellos que más salen en los medios.

Y hay mucho más: un Senado que no condena el cese de la concesión a RCTV en Venezuela; SEPREDI rechazando las acusaciones de la SIP, diciendo que “en Uruguay existe la más plena libertad de expresión”, que “en este gobierno no hubo, ni habrá, llamadas a las redacciones para presionar periodistas” e impulsando la creación de una emisora por Internet que se dice buscará hacer periodismo “profesional”, sumado a la idea de hacer un programa informativo de televisión del gobierno; una publicidad oficial con una empresa, en un claro crecimiento, que fue la encargada de la campaña publicitaria del Encuentro Progresista; el Intendente de Montevideo por formar su propia radio comprando los equipos y permisos de 97.9 M24,  que es casualmente la misma radio que el MPP utilizó en la campaña electoral; declaraciones de un ministro coincidiendo con las del presidente Hugo Chávez, que dijo que los medios de comunicación son “uno de los problemas más grandes que tiene la humanidad” y que “jugando el papel de lacayos del imperio generan tormentas en un vaso de agua” (todo esto dicho frente al Presidente); la intención de crear una ley sobre acceso a la información pública; una revisión de la Ley de Prensa y Código Penal en lo que tiene que ver con estos temas; movilizaciones sindicales tildadas de políticas, etc.

Pues sí. De ofensas y temores viene la mano. El gobierno ofendido con los medios, temeroso del legítimo derecho de expresarse. Y los que creemos en este derecho, ofendidos con el gobierno y temerosos del pisoteo de una de las piedras angulares de la democracia.

Y hay dos cuestiones más que no se pueden dejar pasar.

La primera es el abuso de creer que la libertad de expresión permite el agravio gratuito a una persona o a un grupo de ellas. Un ministro ya ha entrado en este abuso. Cuidado con el terreno de mal ejemplo y el desborde.

Y la segunda, es que no creemos que el gobierno tenga que estar tan ofendido o temeroso por los supuestos achaques de los medios opositores. Que esté temeroso de que los uruguayos están constatando la realidad del diario vivir. Y en eso no hay “oficialismo” y “oposición” que valgan.

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