Nicolás Ortiz

El blog de Nicolás Ortiz

Archive for the ‘General’ Category

Nuestro Partido, nuestro aporte

Posted by Nicolás Ortiz On diciembre - 19 - 2014

Tres anécdotas

Posted by Nicolás Ortiz On noviembre - 13 - 2014

asambleaUna cerveza

Intentando despejarme de la vorágine de la campaña electoral, me junté a tomar una con una amiga y dos amigas de ella. Iba decidido a no hablar de política. Logré tomar una cerveza negra artesanal, pero imposible zafar de la charla política. Mi amiga colorada, sus dos amigas frenteamplistas, una militante y la otra sólo votante. La votante comenzó a preguntar por mis opiniones sobre diversos temas, sobre tal y cual ley, sobre aquella y esta idea, sobre Pedro, Lacalle Pou y Vázquez. Así se fueron los minutos, entre pinta y pinta, y al final me dice: “¿Sabés qué? Me gusta como pensás. Si no fueras colorado te votaría.” La miré y le repliqué: “No te olvides de esta charla que tuvimos. La idea es más importante que la etiqueta.

“¿Por qué no sos frenteamplista?”

La semana posterior a las elecciones nacionales, muchos se acercaron a preguntarme qué había pasado con el Partido Colorado, por qué el Frente Amplio había votado lo que votó, y otras mil cosas. En algo que podría resultar paradójico, los del 47,8% me preguntaban lo primero y los del 12,9% lo segundo. Interesante. Lo cierto es que estas preguntas y sus respuestas se instalaron a Read the rest of this entry »

Argumentos cómodos

Posted by Nicolás Ortiz On agosto - 25 - 2013

blablaGran razón le asiste a Aristóteles en cuanto a que “la mayoría de los hombres son malos jueces de sus propios asuntos“. Es que desde el 300 a.C. hasta ahora parece que nada ha cambiado.

Los hechos aristotélicos siguen ocurriendo por estos días, y me voy a referir a dos.

Uno se suscitó en ocasión de la votación de la Rendición de Cuentas. La Diputada Susana Pereyra del MPP se puso un tanto nerviosa cuando se le dijo que el Frente Amplio era malo gestionando la educación, la seguridad y la salud. De seguro cada lector de esta nota podrá pensar en al menos un ejemplo que de cuenta de esto.

Sin embargo la esposa del Ministro Bonomi argumentó que el Frente Amplio no es malo gestionando porque en realidad la gente los sigue votando y aún les tiene confianza. Diputada: que la gente vote al Frente Amplio no significa que el gobierno gestione maravillosamente. Es como decir que en Cuba hay democracia porque hay elecciones. Es que desde el pedestal de la soberbia es imposible que surja la autocrítica y el reconocimiento de que las cosas se hacen mal.

Es que con el criterio de la Diputada se corre el peligro de perder el norte y, en todo caso y encima, desconociendo la opinión de la otra mitad de los ciudadanos que no votan al Frente Amplio. O se puede pensar que el Partido Colorado por haber gobernado por más de 150 años el país, lo hizo siempre excelentemente bien. Pues claro que no. Parecería incluso que sólo resta entonces, de acuerdo a lo que razona Pereyra, que el Partido Colorado se abstenga de participar de las elecciones pues total está todo más que genial.

De remate, es interesante reflexionar que este argumento proviene de una Diputada que fue cuestionada por haber recurrido a sus contactos con la barra brava de Peñarol para acarrear entre 200 y 500 hinchas que la votaron en las elecciones a padrón abierto que el MPP realizó el pasado mes de junio. Queda picando.

La frase del mes

Punto y aparte se merece el segundo hecho que quiero mencionar.

La Intendenta de Montevideo, Ana Olivera, dijo hace unos días: “Hoy no tenemos problemas con la recolección de residuos.” Esta frase es sin dudas para un premio. Tal vez pensará Olivera que si repite esta mentira mil veces la gente la creerá, o que la basura desaparecerá de la vista de todos. Con el agravante de que, de paso, aludió a una herencia maldita que no es atribuible a los partidos fundacionales (¡de esta nos salvamos!). En tren de echar culpas y encontrar justificaciones vale todo.

Como sea, los martes y miércoles a la mañana tomo el 158, con destino a Gruta de Lourdes, para ir a dar clases al Liceo Jubilar. Cuando el ómnibus se adentra en la cuenca Casavalle es realmente lamentable ver que quién gobierna en algunas zonas no es la Intendencia de Montevideo, sino la basura. Para los escépticos, va un video de mi autoría con cinco minutos de esa realidad: https://vimeo.com/73084868

Así que ya se sabe la receta. Gobernar bien es: que la gente lo vote a uno y nada más, echarle la culpa a otro y repetir una mentira mil veces.

La terca realidad se encarga de demostrar todos los días que Uruguay tiene una educación que no educa, una seguridad que nada asegura y una recolección de residuos en Montevideo que no recolecta. De eso conversamos con la gente todos los días. Mientras tanto que el Frente Amplio diga lo que quiera.

A 100 años del Instituto José Batlle y Ordóñez

Posted by Nicolás Ortiz On junio - 24 - 2012

A 100 años de la fundación del hoy liceo Nº36 “Instituto José Batlle y Ordóñez”, la Cámara de Representantes rindió un homenaje a esos efectos el 6 de junio. Transcribo las palabras que pronuncié en nombre del Partido Colorado en tal ocasión.

“SEÑOR PRESIDENTE (Bianchi).- Tiene la palabra el señor Diputado Ortiz.

SEÑOR ORTIZ.- Señor Presidente: debo decir que el señor Diputado Sabini me allanó bastante el camino respecto a las reflexiones que hoy quería compartir en esta Cámara. Y voy a comenzar con una cosa que decía Antonio Grompone acerca de la obra educacional de Batlle.

Miren lo que decía: “Se destaca así una condición profunda en el arte de gobernar que consiste en no buscar, ni desear, ni juzgar las iniciativas por la originalidad, porque las transformaciones más radicales surgen a menudo de las ideas más simples, especialmente en materia educacional, en donde Batlle ha marcado claramente la culminación de una pedagogía de Estado”.

Es que, señor Presidente, de las necesidades de las personas, de sumirnos en la realidad cotidiana, surgen las grandes evoluciones. Evolucionar significa que las cosas se hacen más complejas, en este caso, en el sentido positivo. Y precisamente porque las necesidades de las personas se hicieron más complejas, ¡vaya si el batllismo supo estar a principios del siglo XX para entender esas evoluciones y concretarlas en cambios! Eso es lo que hoy quiero rescatar de lo que adelantaba en su intervención el señor Diputado Sabini respecto al Instituto Batlle y Ordóñez, el IBO.

Resulta que en esa época surgieron las exigencias sociales e hicieron las cosas más complejas. Ya había un amplio movimiento a favor del acceso de la mujer a la vida intelectual. En Alemania, en Canadá, en Estados Unidos, en Rusia, en Francia, en Inglaterra, en todos ellos, ya existían colegios e institutos de enseñanza femeninos e, inclusive, de estudios superiores. Acá, en Uruguay, esta discusión tiene un punto de inicio el 2 de junio de 1911, cuando el Poder Ejecutivo remite a la Asamblea General un Mensaje proponiendo la creación de una Sección de Enseñanza Secundaria y Preparatoria para Mujeres en la Universidad de la República; y de ahí la discusión desatada. ¡Y vaya si se desató una discusión!, porque fue una lucha entre conservadores y reformistas. Eso fue: una lucha entre conservadores y reformistas, estos últimos, los reformistas, interpretando siempre las evoluciones de las que hablaba y haciéndolas materia.

El señor Diputado Sabini hablaba de ciertas opiniones opuestas al proyecto. Yo quiero destacar algunas otras. Adviértase por dónde pasaba la discusión: estaban preocupados por el riesgo de que la educación científica aumentara el proletariado del bachillerato. Acerca de las mujeres se preguntaban: ¿prepararlas para la vida no será prepararlas y darles una educación superior para que luchen contra el hombre? ¿Crearle horizontes de agitación no será crear en nuestro país, quizás, la mujer sufragista?

Decía algún diario de la época: “Conveniencia social en estimularla a seguir carreras, sustrayéndola a la misión familiar que parece ser su principal encanto y su vocación más natural y decidida”. El diario “El Día”, ¡bueno!, contestaba a todas estas críticas y llegó a hacer una encuesta sobre el tema. En ese diario se podía leer: “Hoy pueden estudiar las mujeres en promiscuidad con los estudiantes varones: pero por los inconvenientes naturales de esa condición una considerable cantidad de mujeres se abstiene de concurrir a la Universidad. Se trata de eliminar esos inconvenientes para que ninguna mujer deje de instruirse porque se sienta cohibida por circunstancias que justifican plenamente las preocupaciones sociales a este respecto”.

Emilio Frugoni, socialista, estaba en la posición un poco más radical porque quería el sistema mixto, pero entendió que la sociedad de ese entonces no estaba preparada para ese cambio y acompañó el proyecto del batllismo.

Y de eso se trató: de una discusión entre conservadores y reformistas: los reformistas por un lado y los conservadores por otro. Eso está inscripto, además ‑para hacer un breve resumen‑, en la obra educacional que el reformismo llevó adelante. Ya en la primera Presidencia de Batlle y Ordóñez se afectan terrenos para la edificación y se construyen los actuales edificios universitarios. Una obra de esa envergadura nunca más se llevó a cabo en la historia del país. Inclusive, hay un decreto de 22 de noviembre de 1906, donde se disponía la creación en campaña de escuelas de estudios secundarios, que se denominarían “liceos”.

Es sabido que el 4 de mayo de 1911, el Presidente Batlle y Ordóñez envía al Parlamento el proyecto para la creación de los liceos departamentales. Y es en 1913 ‑como ya mencionó el señor Diputado Sabini‑ comenzó a funcionar la Universidad de Mujeres, en la esquina de las calles Soriano y Paraguay, destinada a la enseñanza secundaria de las señoritas, fundada en 1912 por José Batlle y Ordóñez, transformada luego en la Sección Femenina de Enseñanza Secundaria, y más tarde en el Instituto Batlle y Ordóñez, popularmente conocido como liceo femenino o “la femenina”. Muchos años después, el 13 de julio de 1939, se inaugura la nueva sede de la calle Agraciada.

Finalizo diciendo que allí, cuando Grompone habla de la simpleza de las ideas, hay que sumirse en la complejidad de la realidad para intentar interpretarla, y con ideas muy sencillas sin duda que se puede cambiar la realidad, porque todas estas ideas, que son sencillas, simplemente parten de esa complejización de la realidad, y eso es, en definitiva, lo que debemos intentar hacer los políticos desde la política: tratar de sumirnos en la realidad para cambiarla. Se trataba ‑como sucede y seguirá sucediendo en esto que nos gusta tanto‑ de la eterna lucha entre los que quieren cambiar la realidad y los que no; y sin duda alguna que el Instituto Batlle y Ordóñez es una demostración de que la realidad efectivamente se puede cambiar si partimos directamente de ella, con ideas muy sencillas. Así que está hecha la invitación a seguir cambiando la realidad.

Muchas gracias.”

Una nueva Universidad en el interior. Que el pasado señale el porvenir.

Posted by Nicolás Ortiz On septiembre - 19 - 2011

2012 será el año en que los colorados llevaremos adelante nuestra idea de crear una nueva Universidad en el interior del país. Por si nos faltaba algo para soñar que esto es posible, transcribo algo que nos viene del pasado para que nos señale el porvenir. Se trata de parte del mensaje enviado el 4 de mayo de 1911 por Batlle y Ordóñez al Parlamento creando los liceos departamentales.

“[…] El Poder Ejecutivo da gran importancia a la fundación proyectada, porque en su opinión, los liceos constituirán un factor poderoso de mejoramiento intelectual, moral y social de los núcleos de población en que sean establecidos. Considera que de su acción, racionalmente orientada, depende en modo capital el provenir de la enseñanza y de la cultura general de la República. Fuera de Montevideo son muy pocas las ciudades o villas que tengan ambiente científico, artístico o literario. Establecer un liceo es vivificar esos ambientes, introduciendo en ellos elementos capaces de originar actividades saludables.

[…]

El habitante de la Capital tiene a su disposición exclusiva y costeado por el esfuerzo nacional todo lo que necesita para perfeccionar su educación y preparación profesional. El que vive fuera de Montevideo no tiene ni aun donde adquirir un mínimo de conocimientos superiores.

[…]

Actualmente, el alumno que termina sus estudios primarios se encuentra en la situación siguiente: o ingresa a uno de esos institutos cuyo fin principal es preparar el ingreso a las carreras universitarias, o pasa, sin transición, de la escuela primaria a la vida práctica. En los dos casos el resultado es casi siempre negativo.

Las facultades, por brillantes que sean, tienen forzosamente que embotarse, o por lo menos debilitarse, en un medio escaso de cultura ambiente. En las ciudades populosas, el que egresa de la escuela primaria, además de recibir una educación muy superior a la de la escuela rural, halla los elementos necesarios para educarse. La cultura, puede decirse, flota, se absorbe casi inconscientemente: los teatros, los museos, la prensa, los monumentos, son poderosos medios educativos.

[…]

El liceo tendrá por resultado inmediato proporcionar el órgano de cultura que hoy falta, y, como consecuencia mediata, perfeccionar el criterio y elevar el nivel intelectual de la población entera, poque una enseñanza completa y racional estará gratuitamente al alcance de todos.

Esta enseñanza es hoy costosísima.

Los padres que desean proporcionársela a sus hijos, además del sacrificio pecuniario, tienen que imponerse otro mucho mayor: separarse de ellos enviándolos a Montevideo.

[…]

Así, para los no ricos, la educación de sus hijos es muy difícil y priva a éstos de la vida del hogar; la educación de las mujeres casi imposible. Para los pobres, ambas cosas son igualmente irrealizables.

Pero aun en los casos en que no existen dificultades de orden privado para acudir a los centros educativos de Montevideo, existe todavía un grave inconveniente en esa centralización de la enseñanza. Los estudiantes se desvinculan de sus pueblos de origen. Una vez formados se resisten con bastante generalidad a volver a sociedades que han dejado de armonizar con sus actuales condiciones mentales, y sólo por excepción se sienten atraídos por sus antiguas residencias.

Se comprende fácilmente cuán contrario al progreso de los centros secundarios es este éxodo continuo hacia la Capital, que les priva de sus mejores elementos.

En todo el país y con mayor razón en la campaña, deberá forzosamente hacerse extensión universitaria en todas sus formas: el liceo será el foco de donde parta ese fecundo impulso y el centro regulador de esta obra altamente patriótica y civilizadora, a la cual el Poder Ejecutivo piensa dedicar preferente atención.

[…]

Considera el Poder Ejecutivo que el proyecto debe contener desde luego la enunciación del pensamiento de crear becas en favor de los mejores alumnos que cursen los estudios liceales, a fin de que puedan completar en Montevideo la carrera a la que se sientan inclinados. Habrá así un estímulo para los que inicien sus estudios, en el sentido de que sus desvelo y sus esfuerzos serán oportunamente premiados con una beca para continuar su preparación científica en la Universidad.

[…]

El proyecto de ley acompañado contiene solamente algunas disposiciones fundamentales, cuya latitud deja amplio margen a la reglamentación. En esta materia sería perjudicial establecer en la ley los detalles, porque es una materia que exige continuos cambios y modificaciones.

Lo razonable es dejar a los órganos ejecutivos, y en especial a los técnicos, todo lo que no requiera imprescindiblemente disposición legislativa.

[…]

Al terminar la exposición de las ideas que inspiran este asunto, el Poder Ejecutivo cumple con el deber de recomendarlo muy especialmente a la atención de V.H., a quien reitera las seguridades de su alta consideración.

José Batlle y Ordóñez

Juan Blengio Roca”

Algunas reflexiones sobre el Gral. Líber Seregni

Posted by Nicolás Ortiz On julio - 16 - 2011

A continuación van las palabras que vertí en la Cámara de Representantes el 13 de julio, en ocasión de la aprobación de la ley que designa con el nombre de “General Líber Seregni” a la Ruta Interbalnearia.

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Audio palabras Nicolás Ortiz sobre Líber Seregni

 

SEÑOR ORTIZ.- Señor Presidente: primero que nada, es de justicia decir que por supuesto que el informe elaborado por el señor Diputado Bayardi ha sido suscrito por los señores Diputados Cantero Piali y Cersósimo, y eso significa que el Partido Colorado en este caso está de acuerdo con muchos de los conceptos que se han vertido en esta Sala sobre el General Líber Seregni.

Voy a parafrasear algo que se dice por ahí, porque la sociedad no es grande solo por los hombres que actúan por ella o que la integran, sino por los hombres que recuerda. Y es importante recordar hoy al General Líber Seregni, una figura política que, como todas aquellas que ya no están entre nosotros y, si nos ponemos a pensar algunos segundos, transitan entre esa convicción y la responsabilidad que se mencionaban por allí, primero quizás con más convicción, sin abandonar nunca los principios, pero luego, con el devenir de la vida política, comprendiendo la importancia de actuar con responsabilidad. Así lo hizo el General Seregni, y voy a mencionar un par de cuestiones. Una de ellas es su convicción de hacer campaña, en aquel abril de 1989, para que la ley de caducidad fuera derogada, y su responsabilidad de tener claro que debía acatar el resultado que la ciudadanía dictaminara en ese momento.

Voy a mencionar otra: tuvo tal grandeza el General Seregni, que ya en el año 1996 funda el “Centro de Estudios Estratégicos 1815”, donde, entre otras tantas cosas, se organizó un seminario de empresas públicas. En ese entonces, el General Seregni ya quería que ese lugar fuera la apuesta de las ideas del futuro Uruguay o del futuro país que él concebía. Hoy, claro que se necesita una gran discusión de ideas y ojalá que existan muchos más “Centros de Estudios Estratégicos 1815”. Lamentablemente, esta iniciativa se disuelve en el año 2004, y ya en aquel momento el General Seregni hablaba de gobernabilidad, como lo hicieron otros, que también fueron nombrados en esta Sala.

En ese discurso del Paraninfo, al que hacía alusión el señor Diputado Bayardi, hablando de la gente perteneciente a la generación del 83, que luego se empezó a conectar nuevamente, ya con las nuevas tecnologías, miren lo que decía el General Seregni: “Discuten entre ellos, se pelean entre ellos, por supuesto, pero se pasan elaborando ideas. Y yo digo que eso constituye un capital humano excepcional, de una tremenda potencialidad que debe estar al servicio de la República, entonces convoco, más que convocar, exijo a los integrantes de la generación del 83 que hoy organizaron este acto que se mantengan movilizados en el mejor sentido de la palabra […]”.

Sin duda alguna, el General Seregni quería y creía en el intercambio de ideas y en esa discusión, y quizás hoy al Uruguay le está faltando ese amplio espectro de tener claro hacia dónde queremos dirigir el país. ¡Vaya si Seregni decía: “Se pelean, claro que se pelean, pero teniendo en cuenta hacia dónde hay que conducir al Uruguay”!

Lamentablemente, el General Seregni nos abandona el 31 de julio de 2004. No lo conocí personalmente, no era nacido en el año 1971 cuando funda el Frente Amplio, con esa gran convicción, y logra revertir ese bipartidismo que se venía dando en el Uruguay. Claro que esa era una convicción muy grande. Pero sin duda que el 31 de julio de 2004 el General Seregni nos deja la responsabilidad de abogar por ese Uruguay del intercambio de ideas, para que todos los partidos políticos estén en la discusión de hacia dónde queremos que se dirija nuestro país en los próximos cincuenta y, si se quiere, en los próximos cien años.

Voy a manifestar algo que creo no hay que tener prurito en decir: a pesar de que el General Seregni no fue Presidente de la República, sin duda alguna, fue un gran estadista. Lo fue en esa última etapa de su vida, abogando por las cosas a las que hice referencia, y eso se vio concretado en las palabras del Ministro Leonardo Guzmán, el día del entierro de Seregni, y en los honores de Ministro de Estado dispuestos por el Presidente Jorge Batlle durante el Gobierno colorado de ese momento. Además, Jorge Batlle lo había ido a visitar, al igual que a Washington Beltrán, antes de asumir la Presidencia de la República.

Así que, sin duda alguna, el Partido Colorado va a acompañar esta propuesta, por todo lo que se ha dicho en Sala, por lo que acabamos de manifestar y para enaltecer estas cosas de las que nunca nos tenemos que olvidar y que siempre debemos recordar, en este caso, del General Líber Seregni.

De los jóvenes, la marihuana y otros demonios

Posted by Nicolás Ortiz On junio - 2 - 2011

Fernando Salas, magister en Sociología, Ciencias Políticas y Sociedad de la Información y docente de la Universidad de Montevideo,  fue convocado en el mes de mayo ante la Comisión Especial sobre Adicciones de la Cámara de Diputados. Presentó allí las conclusiones de una investigación realizada en la zona oeste de Montevideo a fines de 2010 sobre el consumo de drogas entre los adolescentes. El estudio concluyó que el consumo está vinculado al fracaso educativo.

Se les preguntó a los jóvenes qué importancia le asignaban a ser exitosos en su trabajo cuando fueran adultos. Entre los que le dieron mucha o bastante importancia, el 74% corresponde a no consumidores, frente a un 56% que sí consume en forma habitual. El estudio abordó también el estado de ánimo de estos adolescentes. El 75% aseguró ser “muy feliz” o “bastante feliz” entre los no consumidores, frente a un 50% de los que sí son consumidores.

Hay algunos elementos de este estudio que me llaman la atención. ¿Por qué sólo se realizó en estudiantes de la zona oeste, que pertenecen a un contexto diferente a los de la zona este, en el cual ya sabemos que existe deserción y fracaso por otras razones diferentes al consumo de marihuana?

¿Qué pasaría si se hiciera un estudio de la influencia del alcohol en el fracaso educativo en los estudiantes de la zona este? Me permito un renglón de sociología espontánea para decir que quizás el estudio pueda concluir que el consumo de alcohol entre los jóvenes está directamente relacionado con el éxito académico.

No tengo que explicar lo parcial que me resulta conocer lo muy o bastante felices que son el 75% de los adolescentes de la zona oeste no consumidores de marihuana.

Dicho todo esto, y mientras cada uno saca sus propias conclusiones, voy a detenerme en el tema de la felicidad.

Y ya que estamos para los estudios, quiero recordar aquél que reveló una falta de sintonía entre lo que ofrece la educación y los intereses de los adolescentes; lo que es una de las razones fundamentales por las cuales ellos desertan (de un trabajo elaborado para UNICEF por Gustavo De Armas y Alejandro Retamoso, en base a datos de la Encuesta Nacional de Adolescencia y Juventud, presentada en 2010).

El estudio arrojó las principales razones por las que dejaron de asistir a clase: no tenían interés (23,4%), les interesaba aprender otras cosas (11,3%), era demasiado difícil (6,8%), no le entendían a los profesores (5,4%), son muchos años para lo que se logra después (2,6%), lo que enseñaban no les parecía útil (2,4%). El 17,8% de los encuestados respondió que dejó el liceo porque comenzó a trabajar; el 7,7% lo hizo por “embarazo propio o de su pareja”, y el 5,7% sostuvo que “le resultaba demasiado costoso y no tenía dinero”.

No es nuevo además que los índices de felicidad pronto se incorporarán a los índices “popes” como el IDH. La felicidad es importante, por eso el ser humano se está preocupando de medirla. Y si queremos hacer de ella una política de Estado, los del párrafo anterior son buenos primeros números para mirar.

Estamos en el medio de un cambio en el mundo, y por eso se hace difícil buscar y entender por dónde pasa la felicidad. Se requieren mentes muy amplias que comprendan que el actual paradigma del sistema educativo está caduco y que si no ponemos las cabezas a pensar en qué cambios tenemos que imprimirle para que la felicidad de los más jóvenes se vea canalizada, entonces todo sigue como está. Escandalizados con la marihuana, pero en silencio sobre la felicidad.

Por otro lado, el gobierno resolvió que las empresas tengan un nuevo marco legal para ofrecer pasantías de formación y que el sistema educativo se oriente más hacia las necesidades del mercado. En el primer trimestre de 2011, 47% de los desempleados eran menores de 25 años (según cálculos de El Observador en base a datos del Instituto Nacional de Estadística). En el marco del Diálogo Nacional por el Empleo, más de 40 organizaciones avanzaron en mecanismos para los jóvenes como incluir en el sistema de enseñanza talleres sobre orientación educativa y laboral que muestren por dónde pasa hoy la demanda de trabajo y ofrecer un abanico completo de opciones.

Todos los esfuerzos por vincular la educación con el trabajo son positivos. Pero cuidado con las tensiones entre los sueños personales y el mercado. Creo que es prioritario atender lo primero, sin dejar de tener en cuenta claro por dónde pasa la demanda de trabajo.

Siempre es más importante apoyar los sueños y emprendimientos personales. Pero hay poco marco para eso. Cuando dejemos las falsas oposiciones de lado quizás avancemos.

Un inmortal evocando a otro

Posted by Nicolás Ortiz On mayo - 22 - 2011

De Batlle y Ordóñez está todo dicho. Por eso tan sólo los dejo con las palabras de Maneco, quién lo recordaba el 21 de mayo de 1978 en “El Día”, en un artículo titulado “Batlle cumple hoy un año menos”.

“Si la vigencia de un ser humano dura tanto como la de su espíritu, es decir, si la juventud de un hombre, vivo o muerto, debe ser medida por la validez de las soluciones que preconizó para los males de sus semejantes, diríase que ese hombre sólo envejece a partir del momento en que sus soluciones se consuman. Cuando el aporte de un hombre se ha cumplido o simplemente cuando las nuevas circunstancias lo tornan inadecuado y desechable, recién entonces su figura ingresa en los panteones de la historia.

A la inversa, cuando los años corridos se limitan a bruñir el mensaje, a hacer más ostensible su verdad; cuando las nuevas circunstancias agregan dosis suplementarias de razón a cuanto defendiera en la vida; cuando, en suma, su pensamiento y sus métodos resumen, más que una femenina nostalgia, el sentimiento viril de la esperanza combativa, el tiempo no es otra cosa que aparato de rejuvenecer. Hoy, 21 de mayo de 1978, en el país en que nació y al que amó, en la República que sirvió con resolución permanente José Batlle y Ordóñez, el viejo Batlle de los ‘¡Viva Batlle!’ de nuestras mejores tradiciones de civismo, cumple un año menos. Es más joven, esto es, es más fuerte. Se le añora más: este es, tiene más razón todavía, porque son más numerosos los orientales que lo comprenden. Es más válido: esto es, tiene más sitio en el futuro de cuanto pudo tenerlo en el pasado. Es más imprescindible: esto es, volverá, seguirá volviendo, hasta que vuelva para siempre.

¡Viva Batlle!

[…]

Batlle y Ordóñez era un político. Era el político por excelencia. Tenía la firmeza mental, la flexibilidad creadora de un político. Lo demostró mil veces en su vida, y sin esa condición política sutilísima no hubiera ciertamente realizado la gran obra que después hizo. Y aspiraba sin duda fervientemente a la Presidencia, porque sólo desde el Poder podría reorganizar el país y hacer andar sus ideas.

Pero nunca confundió flexibilidad con sinuosidad ni dejó de luchar por lo que creía. Debía llegar, pero sin torcer la senda. Cualquier otro en la circunstancia descripta, se hubiera limitado a una conservación de posiciones, sin arriesgarlas en conflicto alguno.

Por defender los derechos colorados de Río Negro, Batlle perdió el apoyo blanco; por defender los derechos de la República ante el Gobierno, perdió el de Cuestas.

Ante determinada situación en el Interior, una misión que Batlle integra va a hablar con Cuestas. La discusión termina dura entre Batlle y Cuestas. Este último, dueño del poder, se encara a Batlle:

– ¡Yo soy más colorado que Ud.!

A lo que Batlle contesta con firmeza:

– Es posible que Ud. sea tan colorado como yo. Pero más, no.

Ese día Batlle perdió la Presidencia. Sucesor seguro de Cuestas, apoyado por éste y por los blancos, los había enfrentado a los dos.

La grandeza de un adversario singular le iba a devolver esa Presidencia, no comprada al precio de ninguna concesión como se ve.

El 23 de enero de 1903 Batlle, candidato presidencial en difícil posición, hace conocer su programa.

[…]

El día de la votación en el Parlamento – día dramático de votación nominal – los colorados votarían todos a Batlle. Los blancos a Mac Eachen. Cuando la secretaría pidió el voto a Acevedo Díaz, éste contestó: ‘¡Por el Sr. Batlle y Ordóñez!’. Seis legisladores blancos más lo acompañaron, cuyos nombres debemos rescatar y honrar junto a él: José Romeu, Juan Gil, Juan A. Smith, Vidal y Fuentes, Eduardo Anaya y L. Rodríguez. ‘Los calepinos’, como fueron llamados con agravio, por el nombre de un caballo que en Maroñas entregó una carrera.

Expulsado de su partido por mantener su palabra (su fe en el Uruguay que Batlle inauguraría), Acevedo Díaz se fue del país para no volver nunca. Sobre su escritorio de gran novelista conservó siempre como pisapapeles una piedra que le arrojaron en el puerto.

Lo que muy pocos saben es por quién votó Batlle aquel día en que lo eligieron Presidente. Cuando llegó su turno y la secretaría pronunció su nombre, la dura voz de Don Pepe no tardó en contestar:

– Por el Sr. Eduardo Acevedo Díaz.

Este voto vale por muchas piedras. Sí. Eran hombres así, que ya no hay más.”

Inútiles para el mundo

Posted by Nicolás Ortiz On abril - 25 - 2011

La Rural del Prado. Una buena semana para que los montevideanos veamos el campo a la vuelta de la esquina. Un mundo de gente. Familias enteras mirando las domas y visitando stands. La clásica “Semana Criolla” pinta las sonrisas de siempre.

También se pueden ver otras cosas que empiezan a tener tinte de clásicos. Mientras hablaba con un par de gurises que vendían chocolates  “Nikolo” en la puerta de Lucas Obes, obreros del SUNCA gritaban “¡La unión hace la fuerza! ¡La eterna lucha patrón – obrero!”, mientras repartían volantes denunciando las desigualdades de siempre. Los vestigios de un mundo anacrónico versus la realidad de la ausencia de sueños.

“[…] Todo sucede como si redescubriéramos con angustia una realidad que, habituados al crecimiento económico, al empleo casi pleno, al progreso de la integración y a la generalización de las protecciones sociales, ya creíamos curada: una vez más, la existencia de ‘inútiles para el mundo’, sujetos y grupos que se han vuelto supernumerarios ante la actualización en curso de las competencias económicas y sociales.” (Castel, Robert, “Las metamorfosis de la cuestión social. Una crónica del salariado.”).

Fuerte, ¿no? Castel va aún más allá. La nueva problemática es que estas personas, supernumerarios, no representan como en otras épocas una fuerza de presión, ni un potencial de lucha. Simplemente no ocupan un lugar en la sociedad. La sociedad puede prescindir de ellos. Así de sencillo. No tienen un lugar en el mundo.

Una nueva manifestación de una vieja problematización. Un nuevo desafío que implica un Estado que pueda encontrar una solución. Al menos esto para los que aún creemos en el Estado como líder del progreso.

Y no se trata sólo de tener  trabajo, sino de qué tipo de trabajo. Porque la precariedad del empleo es a veces más importante que el empleo en sí mismo. Y todo se conjuga para dar como resultado la no utilidad social y el no reconocimiento público, y aún, un apartamiento a una condición también precaria de ciudadano. O sea “inútiles para el mundo”.

Basta que haya un solo uruguayo “inútil para el mundo” para que todos los uruguayos prestemos atención. Están por las calles pidiendo monedas, dentro de sus casas reciclando basura, en las esquinas limpiando vidrios, en la Rural del Prado vendiendo chocolates “Nikolo”.

Las políticas públicas no ayudan. La educación actual tampoco. Están lejos de crear lugares en el mundo para la gente. “Feudalización”, “favelización”, “lateros” y “punteros” ya son cosas de todos los días.

Y se trata entonces de qué modelos estamos edificando como sociedad. Y eso lo cimentan dos cosas: cada uno de nosotros y la política. Nosotros tenemos una culpa mayúscula porque inevitablemente, más o menos, tendemos a estigmatizar. Y la política faltó sin aviso.

Cuando la política falta un día y el otro también, se corre el riesgo de entrar en la desconfianza hacia la democracia. Y si todavía algunos (muchos) trivializan a las mayorías, la mesa está servida.

Después de todo esto voy a hacer un acto confesional: todavía creo en Uruguay. Claro que en uno muy diferente al que tenemos, el cual espero sea tan sólo sea una edición limitada que el futuro que será pasado se coma. Y si alguien se pregunta por qué, los dejo con Jorge Luis Borges: ¿Por qué tengo que creer que un subsecretario es más real que un sueño?

Sobre la política

Posted by Nicolás Ortiz On enero - 31 - 2011

Por estos días, preparando un examen, volví a reencontrarme con algunas ideas de Max Weber. Las mismas fueron expuestas en una conferencia pronunciada durante el invierno de 1919 y se enmarcan en lo que se dio en llamar “La política como vocación”. Transcribo aquí algunos extractos. Claro que más allá de los acuerdos o desacuerdos que tengamos con estas ideas, la intención es reflexionar sobre ellas, ya que innegablemente son asuntos permanentes y perennes en la política.

[…]

Puede decirse que son tres las cualidades decisivamente importantes para el político: pasión, sentido de la responsabilidad y mesura. Pasión en el sentido de “positividad”, de entrega apasionada a una “causa”, al dios o al demonio que la gobierna. No en el sentido de esa actitud interior que mi malogrado amigo Jorge Simmel solía llamar “excitación estéril”, propia de un determinado tipo de intelectuales, sobre todo rusos (no, por supuesto, de todos ellos) y que ahora juega también un gran papel entre nuestros intelectuales, en este carnaval al que se da, para embellecerlo, el orgulloso nombre de “revolución”. Es ése un “romanticismo de lo intelectualmente interesante” que gira en el vacío y está desprovisto de todo sentido de la responsabilidad objetiva. No todo queda arreglado, en efecto, con la pura pasión, por muy sinceramente que se la sienta. La pasión no convierte a un hombre en político si no está al servicio de una “causa” y no hace de la responsabilidad para con esa causa la estrella que oriente la acción. Para eso se necesita (y ésta es la cualidad psicológica decisiva para el político) mesura, capacidad para dejar que la realidad actúe sobre uno sin perder el recogimiento y la tranquilidad, es decir, para guardar la distancia con los hombres y las cosas. El “no saber guardar distancias” es uno de los pecados mortales de todo político y una de esas cualidades cuyo olvido condenará a la impotencia política a nuestra actual generación de intelectuales. El problema es, precisamente, el cómo puede conseguirse que vayan juntas en las mismas almas la pasión ardiente y la mesura frialdad. La política se hace con la cabeza y no con otras partes del cuerpo o del alma. Y, sin embargo, la entrega a una causa sólo puede nacer y alimentarse de la pasión, si ha de ser una actitud auténticamente humana y no un frívolo juego intelectual. Sólo el hábito de la distancia (en todos los sentidos de la palabra) hace posible la enérgica doma del alma que caracteriza al político apasionado y lo distingue del simple diletante político “estérilmente agitado”. La “fuerza” de una “personalidad” política reside, en primer lugar, en la posesión de estas cualidades.

Por esto el político tiene que vencer cada día y cada hora a un enemigo muy trivial y demasiado humano, la muy común vanidad, enemiga mortal de toda entrega a una causa y de toda mesura, en este caso de la mesura frente a sí mismo.

La vanidad es una cualidad muy extendida y tal vez nadie se vea libre de ella. En los círculos académicos y científicos es una especie de enfermedad profesional. Pero precisamente el hombre de ciencia, por antipática que sea su manifestación, la vanidad es relativamente inocua en el sentido de que, por lo general, no estorba al trabajo científico. Muy diferentes son sus resultados en el político, quien utiliza como instrumento el ansia de poder. El “instinto de poder”, como suele llamarse, está así, de hecho, entre sus cualidades normales. El pecado contra el Espíritu Santo de su profesión comienza en el momento en que esta ansia de poder deja de ser positiva, deja de estar exclusivamente al servicio de la “causa” para convertirse en una pura embriaguez personal. En último término, no hay más que dos pecados mortales en el terreno de la política: la ausencia de finalidades objetivas y la falta de responsabilidad, que frecuentemente, aunque no siempre, coincide con aquella. La vanidad, la necesidad de aparecer siempre que sea posible en primer plano, es lo que más lleva al político a cometer uno de estos pecados o los dos a la vez. Tanto más cuanto que el demagogo está obligado a tener en cuenta el “efecto”; por esto está siempre en peligro, tanto de convertirse en un comediante como de tomar a la ligera la responsabilidad que por las consecuencias de sus actos le incumbe y preocuparse sólo por la “impresión” que hace. Su ausencia de finalidad objetiva le hace proclive a buscar la apariencia brillante del poder en lugar del poder real; su falta de responsabilidad lo lleva a gozar del poder por el poder, sin tomar en cuenta su finalidad. Aunque el poder es el medio ineludible de la política o, más exactamente, precisamente porque lo es, y el ansia de poder es una de las fuerzas que lo impulsan, no hay deformación más perniciosa de la fuerza política que el baladronear de poder como un advenedizo o complacerse vanidosamente en el sentimiento de poder, es decir, en general, toda adoración del poder en cuanto tal. El simple “político de poder”, que está también entre nosotros es objeto de un fervoroso culto, puede quizás actuar enérgicamente, pero de hecho actúa en el vacío y sin sentido alguno. En esto los críticos de la “política de poder” tienen toda la razón. En el súbito derrumbamiento interno de algunos representantes típicos de esta actitud hemos podido comprobar cuánta debilidad interior y cuánta impotencia se esconde tras estos gestos, ostentosos pero totalmente vacíos. Dicha actitud es producto de una mezquina y superficial indiferencia frente al sentido de la acción humana, que no tiene ningún parentesco con la conciencia de la urdimbre trágica en que se asienta la trama de todo quehacer humano y especialmente del quehacer político.

Es una tremenda verdad y un hecho básico de la Historia (de cuya fundamentación no tenemos que ocuparnos en detalle aquí) el que frecuentemente o, mejor generalmente, el resultado final de la acción política guarda una relación absolutamente inadecuada, y frecuentemente incluso paradójica, con su sentido originario. Esto no permite, sin embargo, prescindir de ese sentido, del servicio a una “causa”, si se quiere que la acción tenga consistencia interna. Cuál haya de ser la causa para cuyo servicio busca y utiliza el político poder es ya cuestión de fe. Puede servir finalidades nacionales o humanitarias, sociales y éticas o culturales, seculares o religiosas; puede sentirse arrebatado por una firme fe en el “progreso” (en cualquier sentido que éste sea) o rechazar fríamente esa clase de fe; puede pretender encontrarse al servicio de una “idea” o rechazar por principio ese tipo de pretensiones y querer servir sólo fines materiales de la vida cotidiana. Lo que importa es que siempre ha de existir alguna fe. Cuando esta falta, incluso los éxitos políticos aparentemente más sólidos, y esto es perfectamente justo, llevan sobre sí la maldición de la inanidad.

Con lo que acabamos de decir nos encontramos ya ante el último de los problemas de que hemos de ocuparnos hoy, el del ethos de la política como “causa”. ¿Cuál es el papel que, independientemente de sus fines, ha de llenar la política en la economía ética de nuestra manera de vivir? ¿Cuál es, por así decir, el lugar ético que ella ocupa? En este punto chocan entre sí concepciones básicas del mundo entre las cuales, en último término, hay que escoger.

[…]

Con esto llegamos al punto decisivo. Tenemos que ver con claridad que toda acción éticamente orientada puede ajustarse a dos máximas fundamentalmente distintas entre sí e irremediablemente opuestas: puede orientarse mediante la “ética de la convicción” o conforme a la “ética de la responsabilidad”. No es que la ética de la convicción sea idéntica a la falta de responsabilidad, a la falta de convicción. No se trata en absoluto de esto. Pero hay una diferencia abismal entre obrar según la máxima de una ética de la convicción, tal como la que ordena (religiosamente hablando) “el cristiano obra bien y deja el resultado en manos de Dios”, o según una máxima de la ética de la responsabilidad, como la que ordena tener en cuenta las consecuencias previsibles de la propia acción. Ustedes pueden explicar elocuentemente a un sindicalista que las consecuencias de sus acciones serán las de aumentar las posibilidades de la reacción, incrementar la opresión de su clase y dificultar su ascenso; si ese sindicalista está firme en su ética de la convicción, ustedes no lograrán hacer mella. Cuando las consecuencias de una acción realizada conforme a una ética de la convicción son malas, quien la ejecutó no se siente responsable de ellas, sino que responsabiliza al mundo, a la estupidez de los hombres o a la voluntad de Dios que los hizo así. Quien actúa conforme a una ética de la responsabilidad, por el contrario, toma en cuenta todos los defectos del hombre medio. Como dice Fichte, no tiene ningún derecho a suponer que el hombre es bueno y perfecto y no se siente en situación de poder descargar sobre otros aquellas consecuencias de su acción que él pudo prever. Se dirá siempre que esas consecuencias son imputables a su acción. Quien actúa según la ética de la convicción, por el contrario, sólo se siente responsable de que no flamee la llama de la pura convicción, la llama, por ejemplo, de la protesta contra las injusticias del orden social. Prenderla una y otra vez es la finalidad de sus acciones que, desde el punto de vista del posible éxito, son plenamente irracionales y sólo pueden y deben tener un valor ejemplar.

Pero tampoco con esto llegamos al término del problema. Ninguna ética del mundo puede eludir el hecho de que para conseguir fines “buenos” hay que contar en muchos casos con medios moralmente dudosos, o al menos peligrosos, y con la posibilidad e incluso la probabilidad de consecuencias laterales moralmente malas. Ninguna ética del mundo puede resolver tampoco cuándo y en qué medida quedan “santificados” por el fin moralmente bueno los medios y las consecuencias laterales moralmente peligrosos.

El medio decisivo de la política es la violencia, y pueden ustedes medir la intensidad de la tensión que desde el punto de vista ético existe entre medios y fines recordando, por ejemplo, el caso de los socialistas revolucionarios (tendencias Zimmerwald), los cuales durante la guerra se gobernaban de acuerdo con un principio que podríamos formular descarnadamente en los siguientes términos: “Si tenemos que elegir entre algunos años más de guerra que traigan entonces la revolución o una paz inmediata que la impida, preferimos esos años más de guerra”. A la pregunta de qué es lo que podía traer consigo esa revolución, todo socialista científicamente educado habría contestado que no cabía pensar en modo alguno en el paso a una economía socialista, en el sentido que él da a la palabra, sino en la reconstitución de una economía burguesa que habría eliminado únicamente los elementos feudales y los restos dinásticos. Y para conseguir este modesto resultado se prefieren “unos años más de guerra”. Podría muy bien decirse que, incluso teniendo convicciones socialistas muy firmes, se puede rechazar un fin que exige tales medios. Ésta es, sin embargo, la situación del bolchevismo, del espartaquismo y, en general, de todo socialismo revolucionario, y resulta en consecuencia sumamente ridículo que estos sectores condenen moralmente a los “políticos de poder” del antiguo régimen por emplear esos mismos medios, aunque esté plenamente justificada la condena de sus fines.

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La singularidad de todos los problemas éticos de la política está determinada sola y exclusivamente por su medio específico, la violencia legítima en manos de asociaciones humanas.

Quien de cualquier modo pacte con este medio y para cualquier fin que lo haga, y esto es lo que todo político hace, está condenado a sufrir sus consecuencias específicas. Esta condena recae muy especialmente sobre quien lucha por su fe, sea ésta religiosa o revolucionaria. […]

Quien quiera en general hacer política y, sobre todo, quien quiera hacer política como profesión ha de tener conciencia de estas paradojas éticas y de su responsabilidad por lo que él mismo, bajo su presión, puede llegar a ser. Repito que quien hace política pacta con los poderes diabólicos que acechan en torno de todo poder. […]

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Es cierto que la política se hace con la cabeza, pero en modo alguno solamente con la cabeza. En esto tienen toda la razón quienes defienden la ética de la convicción. Nadie puede, sin embargo, prescribir si hay que obrar conforme a la ética de la responsabilidad o conforme a la ética de la convicción, o cuándo conforme a una y cuándo conforme a otra. Lo único que puedo decirles es que cuando en estos tiempos de excitación que ustedes no creen “estéril” (la excitación no es ni esencialmente ni siempre una pasión auténtica) veo aparecer súbitamente a los políticos de convicción en medio del desorden gritando: “El mundo es estúpido y abyecto, pero yo no; la responsabilidad por las consecuencias no me corresponden a mí, sino a los otros para quienes yo trabajo y cuya estupidez o cuya abyección yo extirparé”, lo primero que hago es cuestionar la solidez interior que existe tras esta ética de la convicción. Tengo la impresión de que en nueve casos de cada diez me enfrento con odres llenos de viento que no sienten realmente lo que están haciendo, sino que se inflaman con sensaciones románticas. Esto no me interesa mucho humanamente y no me conmueve en absoluto. Es, por el contrario, infinitamente conmovedora la actitud de un hombre maduro (de pocos o muchos años, que eso no es importante), que siente realmente y con toda su alma esta responsabilidad por las consecuencias y actúa conforme a una ética de responsabilidad, y que al llegar a cierto momento dice: “No puedo hacer otra cosa, aquí me detengo”. Esto sí es algo auténticamente humano y esto sí cala hondo. Esta situación puede, en efecto, presentársenos en cualquier momento a cualquiera de nosotros que no esté muerto interiormente. Desde este punto de vista la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción no son términos absolutamente opuestos, sino elementos complementarios que han de concurrir para formar al hombre auténtico, al hombre que puede tener “vocación política”.

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La política consiste en una dura y prolongada penetración a través de tenaces resistencias, para la que se requiere, al mismo tiempo, pasión y mesura. Es completamente cierto, y así lo prueba la Historia, que en este mundo no se consigue nunca lo posible si no se intenta lo imposible una y otra vez. Pero para ser capaz de hacer esto no sólo hay que se un caudillo, sino también un héroe en el sentido más sencillo de la palabra. Incluso aquellos que no son ni lo uno ni lo otro han de armarse desde ahora de esa fortaleza de ánimo que permite soportar la destrucción de todas las esperanzas, si no quieren resultar incapaces de realizar incluso lo que hoy es posible. Sólo quien está seguro de no quebrarse cuando, desde su punto de vista, el mundo se muestra demasiado estúpido o demasiado abyecto para lo que él le ofrece; sólo quien frente a todo esto es capaz de responder con un “sin embargo”; sólo un hombre de esta forma construido tiene “vocación” para la política.

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