Nicolás Ortiz

El blog de Nicolás Ortiz

Pienso que la realidad del Partido Colorado hoy dista mucho de la que algunos describen. Se quiere forzar algo que no es y ahí radica el problema.

Errada es la premisa de que los batllistas están de un lado y no del otro en el partido. Es como si alguien se hubiera tomado la molestia de preguntar a todos los colorados “¿Es usted batllista?” y a qué sector pertenece, y encontrarse luego con el resultado de que los que respondieron “sí” están en un lugar y los otros exactamente en otro. Esto no resiste el menor análisis.

Pero aun así, desde hace un tiempo parece ser que la condición necesaria para ser batllista pasa por una cuestión nominativa, recayendo el privilegio entonces en aquellos que utilizan el nomenclátor  adecuado para autodefinirse, o bien la adquieren con total legitimidad por pertenecer o ser parte de algo con tal nombre. E si non, non.

Una suerte de título nobiliario donde, como en la Edad Media, algunos poseían tierra y otros no o algunos eran vasallos y otros no.

Decir lo que uno se considera no está mal; pero si mis dichos se prestan para un desmedido maniqueo donde los buenos están de un lado y los malos del otro, se embarra feo.

Si alguien dice que su propuesta es “republicana y socialdemócrata” en contraposición a otra dentro del partido a la cual “le faltan estos elementos”, entramos en el terreno de la discusión por etiquetas sin contenido alguno. Y ahí sí que se apagó la máquina de pensar.

Y a esto se le suma todavía una escala por niveles de batllismo. ¿Qué diablos significa “batllistas netos” y “batllistas moderados”?

Hagamos otras cosas.

Pienso que cuando logramos discernir entre considerar a las personas objetos de derecho y ciudadanía o considerarlas sujetos de dádiva, entre no encontrar razones para interpelar a Ministros de Estado o sí hacerlo porque constituye base del republicanismo, entre respetar la ley y la Carta Orgánica o saltearlas, entre el mandato del pueblo por sobre todas las cosas o el mandato de las mayorías representativas circunstanciales pese a haberse expresado el pueblo, es cuando podemos empezar a separar entre los unos y los otros.

Lo que tiene que seguir ocurriendo es que cada colorado pueda expresar libre y claramente lo que piensa, y lo que cada uno considera que la bandera significa, pero sin verse tentado a querer apoderarse de ella.

Para erigirse en jueces en estas cuestiones se requiere mucha reflexión y debate, y muchos acuerdos. El Partido Colorado todo lo ha venido haciendo –en la elaboración de su programa de gobierno, en su Congreso Ideológico, etc.- ¿Hace falta más? Siempre. El guante está tirado para quién quiera recogerlo.

Maneco Flores Mora, en ocasión del aniversario del natalicio de José Batlle y Ordóñez el 21 de mayo de 1978, recordaba: “Ante determinada situación en el Interior, una misión que Batlle integra va a hablar con Cuestas. La discusión termina dura entre Batlle y Cuestas. Este último, dueño del poder, se encara a Batlle: – ¡Yo soy más colorado que Ud.! A lo que Batlle contesta con firmeza: – Es posible que Ud. sea tan colorado como yo. Pero más, no.

Batllistas hay en todas partes en el Partido Colorado. Y más batllismo habrá cuando el eslogan y el hashtag den paso a las acciones. Ni más ni menos batllista que nadie. Tanto como los otros que también dicen, y sobre todo hacen.

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\"Siempre hay un camino bueno para los hombres buenos y de fuerte voluntad.\"

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