Nicolás Ortiz

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Anomia para soñar

Posted by Nicolás Ortiz On septiembre - 26 - 2011

Para un cientista social la palabra anomia es conocida. Durkheim, quién introdujo el término, o Merton, quién formuló algunas leyes sobre el asunto, hablan, en términos sencillos, de la incapacidad de la estructura social de dar a los individuos los elementos para vivir en sociedad.

Esto no sólo quiere decir que los individuos deben apegarse a las normas sociales para que todo funcione correctamente, sino que, lo más interesante, es cuando las normas sociales no se adaptan, no se transforman, no acompañan las nuevas realidades que surgen, entonces puede ocurrir que las aspiraciones de un individuo no coincidan con los caminos que la sociedad marca para cumplir con ellas.

Este gobierno ha dado muestras de no poder transformar al país para que la gente sea feliz. En particular en la educación.

Diagnósticos: infinitos. Cambios: cero. Los gobernantes de turno no se la juegan. Ya no sueñan. Pareciera a veces que es necesario crear una norma, redactar un proyecto de ley o un decreto, que diga que los uruguayos podemos pensar en un Uruguay mejor. Mientras tanto el gobierno sufre de anomia para soñar.

¿Cuáles son acaso las poderosísimas razones para no hacer una Universidad en el interior del país?

Porque de falta de recursos no creo que se trate. Haga el lector el ejercicio de tomar el último presupuesto nacional y la última rendición de cuentas, contar la cantidad de cargos de confianza creados por este gobierno y multiplicar esos números por los sueldos que correspondan. El ejercicio matemático me exime de mayores comentarios.

El problema no es la plata; el problema es la falta de sueños y de soñadores.

“Anomia” también se llama la revista del Centro de Estudiantes de Ciencias Sociales, que en su número de setiembre de 2011, además de dedicar casi la totalidad de la publicación a oponerse a la baja de la edad de imputabilidad, contiene una entrevista al sociólogo Rafael Bayce. Dice Bayce en la entrevista:

Yo por ejemplo, como Vaz Ferreira, soy contrario al cogobierno: creo que los estudiantes tienen que hacer una labor de extensión mucho más radical que la que nunca han hecho. La Universidad tendría que tener a todos los estudiantes trabajando en los lugares carenciados mucho tiempo y el trabajo ahí tendría que valer como trabajo de investigación y de campo, tiene que tener teoría encima de eso y tiene que poner a todos los estudiantes uruguayos que están pagos por la gente poniéndolos a trabajar para la gente. En lugar de estar en asambleas discutiendo pelotudeces, estar ahí, laburando los veterinarios con los perros y los gatos de los barrios, los agrónomos trabajando en las huertas orgánicas, los arquitectos ayudando a levantar casas, los ingenieros ayudando con los materiales. […] Porque en definitiva, el orden estudiantil que tenía razón de ser en una época, ahora ya no tiene razón de ser porque – discúlpenme – los estudiantes ya no son autónomos, están alineándose con fracciones políticas. Entonces, la idea original, que era que los estudiantes plantearan sus puntos de vista como estudiantes jóvenes no funciona más porque no tienen autonomía ideológica.

¡Quiero retruco! ¿Por qué no hacemos una encuesta entre los estudiantes de la Universidad de la República para saber qué les parece tener una Universidad en el interior? ¿Por qué no les preguntamos qué cosas quieren discutir en las asambleas de las facultades? ¿Les parecerá buena idea hablar sobre una reforma de la ley orgánica de 1958? ¿Habrá tanto entusiasmo por parte de la FEUU en intercambiar ideas sobre estas cosas así como lo hay para dedicar publicaciones por el “no a la baja” o asambleas para discutir sobre la prescripición de los crímenes cometidos durante la dictadura y ver si el próximo 29 de setiembre se realiza una huelga o una ocupación de la Facultad de Ciencias Sociales?

De los que se la juegan hubo algunos en otros tiempos. Batlle y Ordóñez en el mensaje enviado al Parlamento el 4 de mayo de 1911 para crear los liceos departamentales hablaba de las dificultades de acceder a una educación en Montevideo:

Los padres que desean proporcionársela a sus hijos, además del sacrificio pecuniario, tienen que imponerse otro mucho mayor: separarse de ellos enviándolos a Montevideo. […] Así, para los no ricos, la educación de sus hijos es muy difícil y priva a éstos de la vida del hogar; la educación de las mujeres casi imposible. Para los pobres, ambas cosas son igualmente irrealizables.

Pero aun en los casos en que no existen dificultades de orden privado para acudir a los centros educativos de Montevideo, existe todavía un grave inconveniente en esa centralización de la enseñanza. Los estudiantes se desvinculan de sus pueblos de origen. Una vez formados se resisten con bastante generalidad a volver a sociedades que han dejado de armonizar con sus actuales condiciones mentales, y sólo por excepción se sienten atraídos por sus antiguas residencias.

El Partido Colorado tiene ganas de soñar otra vez, y por eso muchos soñadores saldremos a contagiar a otros, a decirles que tenemos una buena idea y a agotar todos los medios para que una nueva Universidad en el interior del país pueda ser una realidad.

Y que no se malinterprete; hay que discutir y hablar sobre todo, ningún tema es más importante que otro. Pero el futuro espera que cometamos la locura de soñar un poco. Así que enloquezcamos juntos y convoquemos una huelga en contra de la anomia para soñar.

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