Nicolás Ortiz

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A 156 años, ¡salú!

Posted by Nicolás Ortiz On mayo - 21 - 2012

Les dejo para reflexionar, el texto del proyecto de ley que Batlle y Ordóñez presentara en 1914 referido a la gratuidad en la enseñanza.

“Montevideo, 17 de noviembre de 1914

H. Asamblea General

Tengo el agrado de someter a la aprobación de V.H. un proyecto de ley exonerando de los derechos de matrículas y exámenes a los alumnos reglamentados de enseñanza secundaria, y facultando al Poder Ejecutivo para extender este beneficio a todos los demás estudiantes.

La exoneración propuesta se limita por ahora a los estudiantes reglamentados de enseñanza secundaria, porque ésta, por su finalidad, está destinada aumentar la cultura general del pueblo, y se requiere la calidad de reglamentados, porque para que la tenga es necesario que los estudiantes se consagren a los cursos, quedando, por ello, casi siempre inhabilitados para ganarse la vida, mientras que los libres pueden hacerlo.

Los tributos que se pagan actualmente por concepto de la enseñanza secundaria son los siguientes:

Primer año: matrículas y exámenes (8 materias), $32.

Segundo año: ídem ídem ídem (10 materias), $40.

Tercer año: ídem ídem ídem (11 materias), $44.

Cuarto año: ídem ídem ídem (11 materias), $44.

Como la duración de los cursos es, más o menos, de ocho meses, resulta que la enseñanza secundaria cuesta a cada alumno una cantidad que varía, según los años, entre cuatro y cinco pesos mensuales. Si a ésta se agrega lo que debe gastar por compra de textos, por locomoción, por ropa (pues el medio requiere una cierta corrección en el vestir), etc., se verá que dicha enseñanza es muy costosa y que sólo la aprovecharán los niños pudientes, contrariándose así el propósito de extenderla al mayor número posible para elevar la cultura media del pueblo.

La enseñanza secundaria, persiguiendo el mismo fin que la primaria, debe, como ésta, ser gratuita.

Pero se dirá que esa resolución es por ahora inconveniente, dado el estancamiento de las rentas. Podría contestarse a es objeción diciendo que si existiesen dificultades económicas para el Estado, también las hay, y mayores, para los estudiantes, -con la diferencia de que el primero puede procurarse nuevos recursos para hacer frente a los desequilibrios que se produzcan en las rentas universitarias-, y en cambio, a los segundos, la subsistencia del estado de cosas que se trata de remediar, impondría el abandono de los cursos, lo que representaría no sólo un sacrificio individual, siempre doloroso, sino aún un posible perjuicio para el país, al cual afectaría en último término esa restricción de la cultura universitaria.

Aun cuando la Universidad concede fácilmente las exoneraciones, esta circunstancia no tiene mayor fuerza como argumento en contra de la reforma propuesta; en primer término, porque la facilidad de otorgar la franquicia sólo puede conducir a establecer desigualdades irritantes entre individuos de situación análoga, favoreciendo a los menos escrupulosos; en segundo lugar, porque, como se exige siempre una  justificación de indigencia, que implica, en el concepto general, una verdadera humillación, muchos preferirían cualquier sacrificio, antes de someterse a esa obligación reglamentaria; y en tercer lugar, porque existe un gran número de familias de modestos empleados y de pequeños industriales, que no son pobres, dentro del significado corriente de la palabra, y que, por consiguiente, no pueden acogerse al indicado beneficio, y en tal virtud tienen por necesidad pagar crecidas sumas, desequilibrando el exiguo presupuesto doméstico, e imponiéndose verdaderas privaciones de orden material.

Por otra parte, si las exoneraciones son muy numerosas, es un argumento más en favor de la supresión de los tributos universitarios y de que se legalice una situación que, de hecho, ya existe.

Como queda expresado, esa reforma se limitará por ahora a los estudiantes reglamentados, pero se faculta al Poder Ejecutivo para extender ese beneficio a los demás estudiantes cuando el estado de las rentas lo permita.

[…]

Al declarar este asunto incluido en los que motivaron la convocatoria a sesiones extraordinarias, me es grato saludar a V.H. con mi mayor consideración

José Batlle y Ordóñez

Baltasar Brum”

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