Nicolás Ortiz

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Mis palabras en la Cámara de Diputados sobre el matrimonio igualitario

Posted by Nicolás Ortiz On diciembre - 12 - 2012

matrimonio_igualitario“El 6 junio de este año hice uso de la palabra en esta Cámara con motivo de los 100 años de la fundación del hoy liceo Nº36 “Instituto José Batlle y Ordóñez”.

Decíamos en esa ocasión que de las necesidades de las personas, de sumirnos en la realidad cotidiana, surgen las evoluciones. Evolucionar significa que las cosas se hacen más complejas. El batllismo supo estar allí a principios del siglo XX para entender esas evoluciones y concretarlas en cambios. Y de eso se trata este proyecto de matrimono igualitario que estamos considerando hoy.

En la oportunidad del 6 de junio hablábamos de que en esa época surgieron exigencias sociales que hicieron las cosas más complejas. Ya había un amplio movimiento a favor del acceso de la mujer a la vida intelectual. Acá en Uruguay, esta discusión tiene un punto de inicio el 2 de junio de 1911, cuando el Poder Ejecutivo remite a la Asamblea General un Mensaje proponiendo la creación de una Sección de Enseñanza Secundaria y Preparatoria para Mujeres en la Universidad de la República. ¡Y qué discusión se desató!

Acerca de las mujeres se sentenciaba: “¿prepararlas para la vida no será prepararlas y darles una educación superior para que luchen contra el hombre?” “¿Crearle horizontes de agitación no será crear en nuestro país, quizás, la mujer sufragista?”

Decía algún diario de la época: “Conveniencia social en estimularla a seguir carreras, sustrayéndola a la misión familiar que parece ser su principal encanto y su vocación más natural y decidida”. El diario “El Día” claro que contestaba a todas estas críticas.

Y es que esta fue una lucha una lucha entre conservadores y reformistas. Eso fue: una lucha entre conservadores y reformistas. Éstos últimos interpretando siempre las evoluciones de las que hablaba y haciéndolas realidad.

Y hay más ejemplos.

Similares cosas se decían sobre la avanzada legislación de Batlle en materia de regulación de la jornada de trabajo, las 8 horas, etc. Decía “El País” en 1923: “Limitación de la jornada de trabajo, descanso semanal; multiplicación galopante de los días festivos, organización de un enjambre de inspectores destinados a resguardar el sagrado derecho de la holganza, interpelaciones porque no se holgazanea suficiente, porque algún pletórico de fuerzas, que considera insuficiente el trabajo y superabundante su energía, quiere ocupar alguna hora más de sus largos días.”

Y sobre el divorcio por sola voluntad de la mujer decía “La Democracia” en 1912: “Si se llegara a votar esta ley en proyecto, que permite la disolución del vínculo matrimonial por voluntad de uno sólo de sus cónyuges, sólo se echaría al surco una semilla más de disolución, cuyos frutos no tardarían en florecer lozanos para provecho de la crápula social que aquí, como en todas partes, vive en las sombras y no se desborda, por temor a la sociedad que la persigue y la detiene con la ley en la mano. Votar esta reforma sería, en atención a nuestro actual estado social, legalizar el libertinaje, que poco tardaría en surgir en sus mil formas depravadas.”

Hoy, la discusión sobre el matrimonio igualitario, vuelve a ser entre conservadores y reformistas.

Y los argumentos que se agitan hoy son otros, o los mismos… quizás algunos con la misma raíz que en el 1900. Escuchamos hoy mismo en la prensa cosas como “freudomarxismo”, “satanización del matrimonio” y destrucción y dilución de la institución matrimonial. Este proyecto no se trata, como se decía en el 1900, de la destrucción de nada. Se trata de la construcción de un marco para una nueva realidad.

¿Acaso no hubo cambios también en la familia? Existen otros arreglos de familia diferentes al matrimonio heterosexual con hijos o hijas. Existen hogares monoparentales, gente que adopta, sola o con alguien, y miles de ejemplos más. ¿Esto destruye “la otra familia”? ¡Claro que no!

Si todo fuera absolutamente inmutable, incluyendo el matrimonio a lo largo de las épocas, la mujer no tendría la capacidad de divorciarse, ni los hijos nacidos fuera del matrimonio tendrían derechos, ni siquiera hubiese podido votar, etc.

Por ahora nada ha ocurrido en los Países Bajos donde se aprobó hace 12 años una ley de matrimonio igualitario, en virtud de la cual 12.000 parejas del mismo sexo han contraído matromonio, o en España donde a partir del 2005 lo hicieron 20.000 de ellas.

Repito lo mismo que aquel 6 de junio: lo que debemos intentar hacer los políticos desde la política es tratar de sumirnos en la realidad para interpretarla y cambiar. Se trataba ‑como sucede y seguirá sucediendo en esto que nos gusta tanto‑ de la eterna lucha entre los que quieren cambiar la realidad y los que no. Entre conservadores y reformistas.

Hoy con este proyecto de matrimonio igualitario hay una nueva invitación a seguir cambiando la realidad.”

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