Nicolás Ortiz

El blog de Nicolás Ortiz

Archive for mayo, 2010

Hombres de poca fe

Posted by Nicolás Ortiz On mayo - 25 - 2010

“El Partido Colorado es ante todo liberal, partido liberal o colorado y no sería posible hallar uno en la República a quién con más verdad el calificativo le cupiera.”

Así hablaba Batlle y Ordóñez del Partido Colorado.

En tal caso nuestras utopías son distintas a la de los otros partidos políticos. Las utopías del individuo como cuestión primordial por encima de cualquier consideración colectiva, de la más amplia libertad que cuenta con la única limitante de la libertad de los demás, y de la igualdad de los hombres ante la ley; con un Estado como protagonista principal en la concreción de estas utopías. Doy por barato que se entiende que todo esto implica que nos somos liberales en lo económico y que el mercado no debe envilecer nuestras utopías políticas. Quimeras ellas que pudieron ser concretadas, en mayor o menor medida, por el Partido Colorado desde Batlle hasta hoy.

Ciertamente las utopías socialistas no pasan exactamente por aquí. Y no hablo de ideas  muertas o pasadas de moda, puesto que basta escuchar a los militantes frenteamplistas hablando de estas cosas cuando José Mujica ganó la presidencia de la República en aquellos videos que se publicaran en www.observa.com.uy.

No puedo dejar de citar a Grompone cuando dice: “En Batlle es siempre el hombre del siglo XIX, liberal e individualista, el que intenta resolver los problemas sociales. Ha habido, pues, incomprensión en su pensamiento y de su concepto social al colocarlo, como se ha hecho a veces, en la corriente socialista.”

Y para no hablar en términos que se pueden considerar rígidos u “old fashioned”, en todo caso el Frente Amplio no ha dejado dudas de su carácter poco batllista en algunas de sus políticas sociales, donde la movilidad social y el marco de igualdad de oportunidades para llevar a cabo los sueños individuales son cuestionables.

Pero más ciertamente (y nótese bien el “más” en esta oración) nada tienen que ver estas utopías de un Partido Colorado que quiere volver a ser y de un Frente Amplio que pretende ser, con las utopías del Partido Nacional, que siempre han sido las del conservadurismo político y del liberalismo económico.

Y digo que queremos volver a ser porque es nuestra aspiración transformarnos en lo que fuimos y recuperar todo aquello que perdimos, por nuestro error de no ponernos al día con el siglo, observadores del intento medianamente exitoso (o totalmente si consideramos que llegaron a los dos primeros mojones del camino) que el Frente Amplio ha llevado adelante. Por cierto, no son los del año 1971.

Todos parece que pretendemos transformarnos en socialdemócratas en un mundo donde el concepto de socialdemocracia parece estar en crisis y donde las utopías parecen haber caducado.

Y aquellos hombres de poca fe que creen que la creación de un nuevo lema o en algún caso la fusión de los partidos fundacionales es la llave del éxito, no tengo que explicar después de lo dicho por qué creo que se equivocan. Ya hasta nombre le pusieron a esta cosa: “bipartidismo conservador.”

Quizás llegó la hora de reinventar las cosas. O al menos de discutir en el seno de nuestro partido de cosas que de tan pero tan básicas, son muy pero muy profundas.

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Un hombre eterno y una carta de 130 años

Posted by Nicolás Ortiz On mayo - 22 - 2010

Creo que el mejor homenaje que se puede hacer a un hombre como Batlle y Ordóñez es dejarlo que nos sorprenda aún en pleno 2010. La vigencia de su claridad es meridiana… Así que comparto con ustedes mi sorpresa, esta vez emanada de una carta que le escribiera a su padre Lorenzo Batlle el 13 de setiembre de 1880.

“[...] Examinas mis medios de vida: el periodismo, la enseñanza y la poesía. El primero no es un medio estable de vida sino cuando se usan transigencias indignas, idem idem de la enseñanza; la poesía… renuevo eternamente en los poetas la fábula de la cigarra: sólo a los genios hace medrar alguna vez y no siempre. A esto no tengo nada que objetar. La sangre que corre en mis venas no se nutrirá con el pan de la infamia. Tú, que te llamas transigente, no lo has sido nunca. Yo recibo la herencia sin inventario, y si no me va bien, como te ha sicedido a ti, la culpa será de otros y no mia. De todos modos debo advertirte que mi intransigencia se ha dulcificado mucho. Bajo este punto de vista, París me ha hecho muy bien. Creo que los que se arrepienten con tan buenos como los que no han delinquido nunca. Creo que muchos de los que parecen malos son mejores que los que los acusan. Y creo también que el deber de todo hombre justo es ser benevolente sobre todo, perdonar, y hacer resaltar las buenas cualidades de los otros disimulando las malas siempre que sea posible. Creo, por ejemplo, que la Razón, al rechazar a todos los que habían tomado parte en la administración de Latorre, ha cometido un error de consecuencias deplorables y una grande injusticia. Con tales ideas, no me haré de enemigos, si algún día me veo en la necesidad de proceder en consecuencia. Me tomarán más bien por adulón que por malévolo. Con respecto a la educación no podría hacer más consideraciones que las anteriores. En cuanto a la poesía, soy poco fecundo y de inpiraciones (sic) pobres; nunca me hecho ilusiones a este respecto.

Ayer tuve que interrumpir esta carta para ir a comer. Continúo.

Terminabas tus consideraciones sobre mis medios de vida con un juicio sobre mis aptitudes generales, diciéndome con franqueza que te agradezco, porque creo que no te equivocas, que soy una medianía que con el trabajo podria elevarse un poco sobre las otras medianías y que si me dejo llevar por esperanzas ilusorias, sonará pronto para mí la hora del desencanto y del arrepentimiento.

Estoy conforme con respecto a la primera parte. Creo que existen dos categorías de hombres felices: la de los que valiendo poco o nada están contentos de si mismos por la incapacidad de concebir algo superior; y la de los genios que siempre aspira a lo mejor y es siempre feliz, o por la conciencia de haberlo realizado ya o por la esperanza juiciosa de realizarlo. Entre estas dos categorías existe otra a la que jusgo (sic) pertenecer: la de los que sobrados de energía para abrigar aspiraciones elevadas, son demasiado débiles para llevarlas a cabo y no se hacen ilusiones a este respecto; Tántalos eternos, atormentados por el hambre y la presencia de los objetos que podrían calmarla.

Por lo de mas (sic), no puede haber grandes desencantos donde las ilusiones son escasas; ni arrepentimientos atormentadores para el que cree que lo que se ha hecho una vez no puede desacerse (sic) y que no es juicioso agregar al dolor de haber tenido mal éxito el dolor de haber ejecutado una acción que aún estaríamos por llevarla a cabo si no se hubiera realizado ya. Lo único que cabe en estos casos es el escarmiento, que sólo es el fruto de la dolorosa esperiencia (sic) propia, como con otras palabras, lo dice el adagio. [...]“

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\"Siempre hay un camino bueno para los hombres buenos y de fuerte voluntad.\"

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